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López Obrador en clave populista

Por: Carlos Castillo



Basta confrontar la teoría con la realidad para desarmar los argumentos de cualquier populista. Sus propuestas no soportan enfrentarse a los hechos, a los costos, al modo en que se llevarán a cabo porque para el populista no cabe la negativa, la imposibilidad o el escollo: todo es realizable, todo es posible, todo es fruto de su propia voluntad.

Esto queda claro al escuchar la conferencia que Andrés Manuel López Obrador dictó el pasado 5 de septiembre en el Wilson Center de Washington D.C. Desde la primera idea hasta la última, cada propuesta no pasa de un diagnóstico extenso en explicación y simplista en argumentos, contradictorio conforme avanza la charla y plagado de buenas intenciones, sin capacidad alguna de argumentar con claridad la manera en que se logrará cumplir con cada promesa.

Foto: wilsoncenter.org
Foto: wilsoncenter.org

Empecemos por el primero de esos problemas que detecta López Obrador, y que es la corrupción. Innegable es, sin duda, el lastre que representa, la indignación que genera y lo riesgosa que es la impunidad que le acompaña. Sin embargo, para el futuro candidato presidencial de Morena la solución es sencilla: “gobernar con el ejemplo”. De este modo, afirma, un mandatario honesto hará que los demás niveles de la administración pública federal y local (así lo señala) sean honestos por imitación.

No puede pasarse por alto la cantidad de ilusión y buenas intenciones que hay en esa aseveración, como tampoco la gravedad de una frase en particular: “no es asunto de leyes sino de voluntad política”.

Foto: historia-desarrollocompartido.blogspot.mx
Foto: historia-desarrollocompartido.blogspot.mx

Y en esa frase se resume otro rasgo del populista, que es el desprecio por las instituciones (como las encargadas de aplicar la justicia) y por las leyes (como las que se hacen el Congreso).

El siguiente diagnóstico de López Obrador es la pobreza, la falta de desarrollo y de oportunidades. Y la solución es también sencilla: lo que se ahorre en corrupción se destinará a financiar nuevas fuentes de empleo, entre las que destaca la reactivación del campo mexicano.

La propuesta es, en suma, dejar de comprar al exterior lo que podemos producir acá, para lograr la autosuficiencia alimentaria y de paso, también la de producción de gasolinas, para lo cual ofrece construir dos nuevas refinerías, de forma que el sector energético se vuelva una “palanca para el desarrollo”.

Y de nuevo, la realidad viene a exigir cuentas, porque reactivar el agro mexicano tomará tiempo, mucho más si se pretende esa autosuficiencia que evitará importar para convertir el territorio nacional en el edén que alimentará a más de cien millones de habitantes.

Tiempo que no es el de un sexenio, recursos que no serán jamás y que llevarán a otra de las herramientas favoritas del populista: el uso irresponsable del gasto público, el endeudamiento, el alza de impuestos, la inflación y ese gran final que es la devaluación.

Foto: ecuavisa.com
Foto: ecuavisa.com

Para el populismo, el Estado es capaz de solucionar todo porque lo puede todo, siempre encarnado en la persona infalible del Presidente, como en los años setenta en México, como en la Venezuela de Maduro, como pasa siempre que se recurre a un poder central e incuestionable, sin contrapesos ni frenos de ese gran estorbo que para el populista son los organismos autónomos y otros inventos para frenar la megalomanía y el desvarío del gobernante.

No obstante, el camino está trazado –erradicar la corrupción, reactivar el agro, refinar el petróleo en México– y con ello, afirma López Obrador, terminarán el crimen organizado, la pobreza y la migración hacia Estados Unidos: programas de desarrollo urbano en colonias populares, vivienda para todos, calles y servicios públicos, nada de combatir al narco con la fuerza porque “no se combate al mal con el mal”.

Si esto no bastase, la propuesta siguiente es un tren que vaya del centro a la frontera, por si quedara alguno que no encuentre el bienestar y quiera probar fortuna allende el Río Bravo. E incluso para ese que decida partir quedará un último reducto de salvación: una zona especial a lo largo de la frontera, de 20 kilómetros de ancho, que será un polo de desarrollo y oportunidades, pleno de estímulos fiscales para empresas, reducción del IVA del 16 al 8%, con combustible barato y salarios altos, entre otros beneficios.

Un cúmulo, en suma, de ilusiones, de propuestas irrealizables, de estrategias autoritarias, de un regreso a tiempos que sin duda no está superados porque siguen siendo atractivos para muchos que aplauden, repiten y hasta logran hallar sustento teórico, académico o técnico para cada sinsentido.

Y ese riesgo quedó manifiesto cuando uno de los moderadores del panel en el Wilson Center preguntó la manera en que López Obrador trabajaría con el Congreso: luego de expresar su apuesta electoral por el “carro completo”, reconoció que de no lograrse no era importante, porque no hacían falta reformas, sólo garantizar que se cumpla la ley. Y ese garante será por supuesto, él mismo.

En resumen, carencia de un programa realizable en lo económico y social, veneración del Estado, nacionalismo, la figura del líder como infalible e incuestionable, y ese mismo líder como negador del pluralismo y suma del interés popular: uno a uno, los elementos que definen al populismo; una a una, las características de López Obrador.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

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