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Los saldos de los debates del proceso electoral de 2018 en México

Por: Javier Esquivel



Uno de los cambios de la reforma electoral adoptada en 2014 fue la incorporación de la obligatoriedad del Instituto Nacional Electoral (INE) a organizar al menos dos debates entre todos los candidatos a la Presidencia de la República y promover la celebración de debates entre aspirantes a senadores y diputados federales.

En este esquema se obliga también a cada Organismo Público Local Electoral (OPLE’S) promover la celebración de debates entre candidatos a diputados locales, presidentes municipales y gobernadores y Jefe de Gobierno.

Fuente: El Mexicano
Fuente: El Mexicano

El cumplimiento de estas obligaciones ha generado un incremento sustancial de estos eventos mediáticos televisados y radio difundidos que buscan, en primera instancia, exponer y confrontar entre sí sus propuestas, planteamientos y plataformas electorales, a fin de difundirlos como parte de un ejercicio democrático.

Sin embargo, los debates ya forman parte de las estrategias de generación, modificación y administración de percepciones de contraste. Son utilizados primordialmente para intentar restar votos al puntero de las encuestas mediante descalificaciones y ataques directos.

Difícilmente la población que ve y escucha los debates aceptará que solamente busca las propuestas más que las descalificaciones. A los públicos -al menos latinoamericanos-, les encantan y divierten estos espacios de ataque directo o personal en los debates.

Es muy importante para el éxito un debate presidencial o local la máxima publicidad y difusión televisada para captar la atención del ciudadano elector.

En el caso de los debates presidenciales más recientes en México se obtuvieron aceptables resultados: los concesionarios y permisionarios y la televisión restringida cumplieron con su obligación de la transmisión del debate, lo que ofreció al elector variedad de alternativas para escuchar y ver los dos encuentros a los que el INE está obligado a organizar.

La máxima publicidad y la expectación ciudadana logró que se superará la cifra de los 12 millones de mexicanos que vieron o escucharon cada uno de los debates. Se espera que para el tercer encuentro se supere la cifra a pesar que ya se vive un clima de opinión pública teledirigida a la copa mundial de futbol.

Otro factor determinante para que la gente se mantenga atenta a los eventos televisados y radiodifundidos es el modelo de los mismo.

El INE modificó las reglas y los tiempos del formato tradicional obsoleto, conocido como científico, que no permite la interacción entre los participantes, a un modelo más dinámico, pero aún perfectible en el sentido de evitar protagonismos de los moderadores y símiles a mini entrevistas personales.

En cuanto a modificación de percepciones los resultados fueron significativos:

El primer debate permitió al puntero y al segundo lugar de las encuestas sumar entre dos y tres puntos porcentuales de intención de voto, mientras que para el segundo debate el primer lugar logó aumentar su ventaja, pero el efecto más importante fue: subrayar el fenómeno de percepción de victoria. Ganó en puntos e instaló el marco mediático y fijo en la esfera pública la posibilidad de obtener un triunfo futurible.

Para el caso del tercer debate presidencial a realizarse en esta semana que comienza la tendencia no cambiará. Los contrincantes llegan a un tercer encuentro con cifras ya muy claras que parecieran inamovibles.

Los ciudadanos que verán el tercer debate, casi en su totalidad ya tendrán definido su voto y reforzarán sus preferencias.

A pesar de que la experiencia internacional dicta que durante un formato de debates presidenciales pactado a tres encuentros siempre hay que provocar el error del puntero y conseguir nuevos insumos informativo o elementos de contraste para las últimas semanas que restan de la campaña.

Esta experiencia mexicana de 2018 nos indica que tres encuentros de debates presidenciales son óptimos para hacer cumplir los objetivos institucionales y ofrecer al elector los insumos necesarios para formarse una opinión informada para ejercer su voto. Además de que dicho número de encuentros son viables para realizar y aplicar estrategias exitosas para aventajar en una elección.

Por otra parte, el claro oscuro de este proceso electoral de 2018 está en el apartado de los debates electorales para el jefe de gobierno, senadores, diputados federales, locales y presidentes municipales.

La ley sólo indica que estos deberán ser transmitidos por las estaciones de radio y televisión de las concesionarias locales de uso público de la entidad federativa de que se trate, sin embargo, el principio de máxima publicidad de los eventos fue magro, así como también el número de electores que centraron su atención para verlos y escucharlos.

Para el caso de los cargos a elección popular de la Ciudad de México, las encuestas nos indican que porcentajes mínimos de electores vieron y escucharon el debate entre candidatas y candidatos a la jefatura de gobierno y mucho menos los de senadores y diputados federales a pesar de que el número de electores es clave para determinar una elección presidencial.

En lo que hizo a cargos municipales antes delegacionales, los resultados de audiencia fueron aún menores. Simplemente no hubo atención del elector, por falta de publicidad institucional y la falta de interés mediático.

Digamos que simplemente se cumplió la ley. La autoridad electoral organizó al menos un debate para todos los cargos – lo cual fue un número inédito en organización de debates- y el medio de comunicación público cumplió al ceder su espacio.

Por lo que los resultados de los debates electorales para otros cargos diferentes al presidente de la República nos indican que aún es una tarea que resolver.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Javier Esquivel

Consultor político. Especialista en inteligencia mediática, comunicación de gobierno, cabildeo, manejo de crisis, y preparación de voceros de alto nivel. Cuenta con una trayectoria profesional de 15 años en los cuales ha asesorado a clientes como Presidencia de la República, gobiernos estatales, municipales, partidos políticos y medios de comunicación en México. En el sector público de su país, ha sido Director de Comunicación de la Cámara de Diputados, el Instituto Nacional Electoral, la Procuraduría General de la República, la Secretaria de la Función Pública, entre otras instituciones federales.

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