Los violados

Por: Rodrigo Aguilar Benignos


 

El 16 de junio del 2016 algo inusual ocurría en la Torre Trump, en la ciudad de Nueva York. El ahora mítico edificio de interiores dorados y paredes de mármol que refleja el rostro del estadounidense ambicioso e hiperconsumista, se preparaba para un evento que tendría como objetivo anunciar las intenciones del multimillonario estadounidense Donald Trump para contender a la presidencia de Estados Unidos.

Jamás imaginamos en México que este anuncio de Trump marcaría la relación bi-lateral para siempre. Apenas algunos medios mexicanos informarían del suceso como una ocurrencia más de la política estadounidense, algo así como el nuevo loquito, el Ross Perot del siglo XXI. De no ser porque ese día Trump dijo que los mexicanos nos reíamos de su estupidez, que sólo llevábamos a los Estados Unidos lo peor como drogas, crimen y violadores, ni nos hubiéramos inmutado. De hecho, sólo reaccionamos en silencio con la víscera. Lo peor, a mi juicio, es que nos quedamos ahí, en la víscera, instalados en la superficie; cuando el ataque encajado ese día a México y los mexicanos sería mayor e irreversible.

Pocos analistas registraron que literalmente desde el minuto uno de los 45 minutos del discurso de Trump, estaba delineando más que su política exterior y su política comercial hacia México. No advertimos, por ejemplo, que aquel mediodía de verano, se estaba anunciando el fin del TLCAN. Lo increíble es que, a casi dos años de pronunciado ese discurso, lamentablemente aún no lo vemos.

A partir de ese día, un grupo de estrategas internacionales basados en distintos puntos de Estados Unidos nos dimos a la tarea de observar con detalle el crecimiento de la popularidad de Trump. Estábamos convencidos, contrario a lo que la mayoría pensaba, que con este discurso y la flácida campaña de Hillary Clinton, Trump tenía posibilidades no sólo de ser el candidato republicano a la presidencia, sino de ganar la elección presidencial.

Foto: hispantv.com
Foto: hispantv.com

Frente a lo evidente, nuestra respuesta era -y sigue siendo- la negación. “Pero es imposible que gane, ¿no crees?”, “… los gringos ya no saben qué inventar para llamar la atención ¿verdad?”, “… es un payaso. Le pondrá sabor a la campaña, pero es imposible que gane”. Son las frases que recibía de cada actor clave al que tengo acceso en la clase política y económica de México. Para mi sorpresa, de la noche a la mañana, los mexicanos se habían convertido en expertos en comportamiento electoral ¡estadounidense! Una de las ramas más investigadas y complejas de la ciencia política moderna.

Atónito, hoy escucho a las mismas personas afirmar, mientras acarician su bola de cristal imaginaria: “Ya viene el juicio político y bye Trump, ¿verdad?“, “… imposible que termine su periodo, ¿cierto?”, “¡Ese wey no se reelige! ¡Imposible!“. Con profunda resignación veo, casi dos años después de aquel infame discurso, que en México perdimos toda capacidad de asombro y nos puede pasar inadvertido el carpetazo; pero nos creemos expertos analistas de la política estadounidense y lo sabemos todo sobre el proceso de juicio político que acabará con la presidencia de Trump.

El anuncio inicial de campaña de Trump con tintes racistas, nos indicaba desde entonces que estaba utilizando un estrategia electoral empleada por los republicanos, particularmente Nixon y Pat Buchanan, en los años sesentas y setentas llamada Southern Strategy o Estrategia del Sur. En política estadounidense, dicha estrategia fue utilizada por el partido republicano para incrementar el apoyo político de los votantes blancos en el sur de los Estados Unidos utilizando un mensaje racista dirigido a los afroamericanos. En 2016, el objetivo de esta “estrategia del Sur 2.0” ya no sería dirigida en contra de los afroamericanos por varias razones sino contra los mexicanos, los latinos, los morenos, la verdadera amenaza a los blancos seríamos ahora nosotros. El soundbite de ese mensaje era muy simple:

“Si no votas por nosotros, va a llegar a tu casa un mexicano y va violar a tus hijas”.

Es común escuchar que las campañas políticas se ganan y se pierden con emociones. El miedo y la esperanza son las más poderosas y, por lo tanto, las más utilizadas, así lo hemos visto tanto en Estados Unidos con Obama y Trump, como en México en 2006 con López Obrador. Sin duda veremos más de lo mismo este año en ambos países. Todo indica que Trump tiene una predilección estratégica por el termino “violar”, pues lo ha utilizado en varias ocasiones, por ejemplo, al referirse a China en materia comercial. Es el famoso Dog Whistle o silbato para perro, término acuñado en la política estadounidense para referirse a las “palabras código” que la colectividad registra, pero en realidad va dirigido a un sector específico de la audiencia, entre quienes busca tocar botones de emociones profundas para activarlos y lograr determinados objetivos.

Trump utilizó este ‘silbato de perro’ para darle fuelle al miedo y consolidar su apoyo en los estados del sur y así obtener la nominación del Partido Republicano. Como pudimos atestiguar, no nos volvió a llamar violadores en un tiempo, aunque no está nada lejos de hacerlo de nuevo, pues hay elecciones intermedias en noviembre en Estados Unidos y el miedo al “violador mexicano” será de nuevo algo muy útil para mantener a su base electoral, principalmente en los estados del sur y del llamado ‘cinturón oxidado‘ (Michigan, Ohio, Pennsylvania, Wisconsin). Esto sin mencionar, por supuesto, la importancia de habilitar al menos un kilómetro del propuesto muro fronterizo, el símbolo mas efectivo de su estrategia de comunicación populista.

A casi dos años seguimos pasmados, cometiendo los mismos errores, sufriendo en silencio, pensando que podemos llegar a una relación bilateral basada en la razón, ya sea vía institucional o con nuestros ‘amigos’ en la Casa Blanca o peor aún, esperanzados en que algún día esta pesadilla llamada “Trump” será sólo eso: una pesadilla de la que despertaremos algún día y seremos de nuevo, al menos amigos distantes. Negamos la realidad, justificamos a nuestro agresor e imaginamos un futuro mejor… ¿acaso estaremos sufriendo eso que los psicólogos llaman síndrome de Estocolmo? El consuelo para México, quizá, es saber que no estamos solos en nuestro síndrome, nos acompañan los demócratas norteamericanos que cometen el mismo error toral que nosotros: pensar que la guerra que emprendió Trump hacia los mexicanos aquel día de verano de 2016 es política comercial y no -como lo es en realidad- una guerra cultural.

Rodrigo Aguilar Benignos reside desde hace 12 años en Washington, D.C.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Rodrigo Aguilar Benignos

Maestro en Política Económica Internacional por la London School of Economics and Political Sciences y Licenciado en Negocios Internacionales por el Tec de Monterrey. Reconocido a nivel internacional por generar proyectos estratégicos relevantes para el acercamiento de gobiernos y empresas de distintos países, con la comunidad internacional. Reside desde hace 12 años en Washington, D.C. donde es Socio Director de Wiljan Consulting, firma de consultoría enfocada en políticas públicas globales, asuntos públicos y legales corporativos en México y EE.UU.

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