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Maduro: el tirano que va desnudo

Por: Carlos Castillo



Han sido casi cuatro meses de protestas continuas y cotidianas en las calles de las diversas ciudades de Venezuela, a partir de que Nicolás Maduro convocó a una Asamblea Constituyente con el objetivo de suprimir a la Asamblea Nacional, donde la oposición es mayoría, e instalar un Congreso a modo, donde sólo caben sus fieles, tras un proceso electoral que se realizó el pasado domingo 30 de julio.

Ese tiempo transcurrido ha cobrado la vida de más de cien personas, trece de ellas el día de la elección, todas a manos de fuerzas del Estado que reprimieron con gases, cañones de agua y perdigones, los primeros días, para después disparar abiertamente contra la población, golpearla hasta la muerte, arrollarla bajo las ruedas de tanquetas o motocicletas, en escenas que representan la cobardía y la bajeza de un régimen acorralado, que no representa sino a sí mismo, que ya sólo produce repudio, condena y desconocimiento tanto adentro como afuera de sus fronteras.

Foto: eluniversal.com.mx
Foto: eluniversal.com.mx

Es así como el tirano Nicolás Maduro se ha quedado solo, rodeado de quienes reciben un sueldo del gobierno, loado por regímenes igual o peor de salvajes que el que él mismo encabeza, reconocido por dictadores a los que emula y cuyos pasos sigue, aplaudido por los pocos que aún puede comprar a fuerza de petróleo barato y permisividad con el narcotráfico.

Ese tirano que el domingo pasado se ufanaba de un proceso electoral que sólo él calificó de histórico y ejemplar; ese tirano que se escuda en cifras de participación irrisorias por falsas, que asume en público que vive el momento más alto de su popularidad, está en realidad a la luz de las y los venezolanos, así como de quienes están conscientes de su barbarie, abandonado, arrinconado y con cada vez menor margen de maniobra política, económica, diplomática…

Porque de nada sirve que amenace a otras naciones –México y Colombia– y las acuse de ser esclavos de “potencias”. Porque de mucho menos sirve que escude sus fracasos en un “boicot de la oligarquía”. Porque no tiene ningún sentido asumirse como representante ungido por el pueblo cuando ese pueblo ya ni le reconoce como autoridad ni participa en sus plebiscitos ni atiende a sus llamados ni cree absolutamente en ninguna de las promesas que aseguran, siempre en ese futuro irreal del populista, que los cambios serán para reparar la porquería que su régimen ha dejado tras de sí.

Foto: diariolasamericas.com
Foto: diariolasamericas.com

Maduro está solo, solo y desnudo frente a un pueblo que no se contenta ya con ver el espectáculo de sus miserias sino que además alza la voz con valentía, lo señala y lo condena, lo cuestiona a sabiendas de que tiene enfrente a un asesino y a un sociópata, lo increpa y se niega a acatar sus dictados porque sabe que proceden de la ilegalidad, de la injusticia y del atropello.

Su Asamblea Nacional Constituyente es, además, desconocida en el plano internacional, porque es de sobra comprobable que procede de un proceso amañado, en el que se utilizaron todos los recursos para dejar fuera a la oposición, en el que los medios de información están secuestrados por el régimen, y todo con un objetivo: romper el último contrapeso institucional de una democracia que, de no dar el dictador marcha atrás, será destruida y transformada en una dictadura con todas sus letras.

Dictadura que busca simularse y escudarse en la “voluntad del pueblo”, como lo hace todo populista. Dictadura que apela a enemigos imaginarios a partir de pasados idílicos y ofreciendo futuros irreales, como lo hace todo populista. Dictadura que ve en el adversario a un enemigo con el que se niega a dialogar, al que se niega a escuchar, al que tacha de “parásito”, como lo hace todo populista. Dictadura, en fin, tan violenta, asesina y brutal como toda dictadura.

No se puede afirmar que es la hora final de Nicolás Maduro. Lo único cierto en este momento, en medio de un clima de represión constante, es que Nicolás Maduro no es más que un tirano con miedo a enfrentarse a su pueblo porque está consciente de su debilidad y su vulnerabilidad.

Temeroso porque sabe que el valor de hacerle frente es mucho entre quienes rechazan su arbitrariedad, temeroso porque sabe que en cualquier momento puede ser sacrificado en altar de los que terminan por resultar incómodos a un sistema criminal: temeroso porque sabe que no es sino un tirano desnudo.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

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