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Margarita Zavala o la evaporación

Por: Gerardo Garibay



El miércoles 16 de mayo Margarita Zavala se rindió. Anunció que se sale de la carrera presidencial, una carrera en la que entró a tropezones y en la que nunca logró dar un solo paso en firme. Desde su anticlimática salida del PAN hasta su patético desempeño en el primer debate, Zavala acumuló mensajes tibios, firmas dudosas y más lástima que respaldos. Sin embargo, no tenía por qué ser así.

Fuente: Youtube Margarita Zavala
Fuente: Youtube Margarita Zavala

Hace apenas un año, Margarita era la puntera indiscutible en la carrera para enfrentarse a Andrés Manuel en las elecciones presidenciales de este 2018. De hecho, le competía de tú a tú e incluso llegó a superar en algún momento a López Obrador, mientras ambos rondaban los 25 y 30 puntos porcentuales, niveles a los que aun ahora les cuesta trabajo lograr a Anaya, y por lo tanto solo queda, una vez más, la pregunta

¿Qué carambas pasó?

A estas alturas seguramente en el equipo de Margarita las acusaciones, las justificaciones y las interpelaciones avanzan como un tsunami que ahoga grupos de WhatsApp y conversaciones personales, y ciertamente hubo una multitud de pequeños errores que alimentaron el monstruo de la catástrofe, pero más allá de esas cotidianas metidas de pata, la gran tragedia de los zavalistas consistió en creerle de más a las encuestas, en pensar que el porcentaje de apoyo que aparecía en los sondeos a inicios/mediados del 2017 se traduciría en respaldo político real para el 2018 y que esos apoyos eran para Margarita como persona y no para el PAN como marca.

Esta semana Zavala se despidió de la contienda con un 2.5-3.5 por ciento en las encuestas más recientes, de hecho ya superada incluso por Jaime Rodríguez “el Bronco”, cuyo estrafalario y sincerote mensaje en el primer debate le ganó al menos el papel de animador en la contienda, mientras Zavala se hundía en el peor desempeño que le hemos visto a un candidato presidencial de alto perfil en los 5 sexenios de debates televisados.

¿Por qué? Porque en las encuestas del 2017 ese 25 por ciento no era de Zavala, sino del PAN, y tras el berrinche de la ahora excandidata la estructura de Acción Nacional no se fue con ella, salvo unos cuantos liderazgos, comprometidos con ella más por lealtad y gratitud personal que por cálculos políticos.

¿Y dónde quedó su popularidad?

En pocas palabras: sus 25 o 30 puntos en las encuestas no eran un apoyo real, sino un espejismo que en buena medida fue consecuencia de un fenómeno que no debemos descuidar al inicio de los procesos electorales: el “apoyo por vergüenza”, que sucede cuando los ciudadanos todavía no han reflexionado sobre su voto y no conocen bien a los aspirantes, pero les da pena reconocer dicha ignorancia ante el encuestador, por lo que mencionan a la primera persona que se le viene a la mente y que a lo mejor les parece simpática, pero hasta ahí.

La mayoría de los que en 2017 decían respaldar a Margarita la mencionaron por responder algo, no porque en serio estuvieran emocional y políticamente comprometidos con ella. Conforme avanzaron los meses y quedó claro que Zavala no sería la candidata del PAN, que no tenía carisma ni posibilidades, simplemente comenzaron a decirle otro nombre al encuestador, sin sufrir en lo absoluto.

La que sí sufrió, y mucho, fue Margarita Zavala.

La tragedia de Margarita, que pasó de 30% a 3% en un año, nos recuerda como cuando la ambición ciega y se toman los números a rajatabla, sin analizar de dónde vienen, hasta el líder más experimentado es capaz de cometer hasta la más absurda de las idioteces, como irse de independiente, por ejemplo.

Para acabar pronto, a Margarita no la querían por ella, la querían por el PAN.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Gerardo Garibay

Católico en la fe y libertario en la política. Profesor universitario, escritor y analista político. Maestro en Política y Gestión Pública y licenciado en derecho por la Ibero León. Durante los últimos 13 años mis artículos han aparecido en medios impresos y electrónicos en varios países. Soy autor de dos libros: “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”. Creo en personas libres y mercados libres.

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