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Marihuana y elección presidencial

Por: Fernanado Belaunzarán



Hacer lo correcto no siempre es popular, pero indefectiblemente es la responsabilidad del servidor público. Hay decisiones difíciles por los costos que pueden traer en las encuestas de opinión y sin embargo tomarlas resultan necesarias e incluso apremiantes para la sociedad. Pero muy pocos políticos están dispuestos a promover o hacer algo que pueda lesionar sus carreras y eventualmente hacerlos perder electores. Por eso los estadistas no se dan en maceta.

Es difícil encontrar un fracaso tan grande y con consecuencias tan terribles para la humanidad como la llamada Guerra contra las drogas. Muere mucho más gente por perseguirlas que por consumirlas. La sabiduría popular dice que “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones” y no encuentro un mejor ejemplo que el del prohibicionismo. Si en México no hemos llegado aún al averno se le parece bastante: 2017 fue el año más violento desde que se tiene registro (20 años), el Estado se ha debilitado, las bandas criminales extendido, las policías infiltrado, se ha militarizado la seguridad pública y se violan los derechos humanos de manera sistemática, los desaparecidos superan en número a los que tuvo la dictadura Argentina, cárceles hacinadas con consumidores, campesinos pobres y narcomenudistas, los desplazados internos por la violencia se cuentan por cientos de miles. Digámoslo sin eufemismos, México enfrenta una crisis humanitaria por culpa de la guerra fallida.

Foto: noticierostelevisa.esmas.com
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A pesar de los enormes costos pagados no hay nada que presumir. La detención o abatimiento de los capos del narco no han significado la reducción del problema. De hecho, la producción, tráfico y consumo de drogas ilegales no ha dejado de crecer, lo mismo que las consecuencias no deseadas que ya mencionamos. Si todas las políticas públicas deben medirse por sus resultados, ¿por qué se mantienen las provenientes del prohibicionismo que no funcionan, han sido contraproducentes y significan cada año la pérdida de miles de vidas? Por prejuicios, intereses creados y rentabilidad político electoral.

Y es que los prejuicios significan votos y pocas cosas resultan más tentadoras a los políticos que envolverse en estos para recibir los favores y el apoyo de las conservadoras, pero muy influyentes buenas conciencias -lo digo haciendo constar que también soy político. Si en el ejercicio de gobierno es difícil tomar medidas que confronten con dichos grupos de presión, imaginen en las campañas cuando se busca el voto popular y eso significa enfrentar morales arraigadas en amplios sectores porque durante décadas los han bombardeado con desinformación para que identifiquen a las drogas con El Mal y la perdición de la juventud.

El debate ha ido cambiando la percepción en la sociedad y la opinión pública, pues al difundir información y evidencia se supera la satanización de la propaganda para poner en su justa dimensión los posibles daños que causan las diferentes drogas ilegales; también ha contribuido a establecer que si bien ninguna droga es inocua y cada una entraña un nivel riesgo y peligro, la prohibición las ha vuelto mucho más riesgosas y peligrosas al grado de hacer vulnerables no solo a los usuarios sino al conjunto de la sociedad.

Pero los prejuicios están enraizados y todavía una gran parte de la población mantiene los mismo miedos injustificados y, por su parte, los candidatos no quieren perder votos, pues saben que en una elección reñida podrían ser la diferencia. Sin embargo, el destino los alcanzó y hay un elefante sentado en la sala que ya no puede ser ignorado: el de la guerra que ha ensangrentado al país, socavado las instituciones y dañado la tranquilidad y los derechos de millones de mexicanos. Es ya ineludible.

Las declaraciones de Enrique de la Madrid proponiendo legalizar la marihuana en algunas zonas turísticas volvieron a darle la relevancia que merece el problema y encender la discusión. Con inteligencia y sentido común, el Secretario de Turismo dijo que la violencia en nuestros paraísos aleja a los turistas, que además muchos de ellos vienen de lugares donde el cannabis es legal y podría parecerles lógico no venir a México a correr el riesgo de tratar con una delincuencia que puede ser muy violenta para conseguir lo que allá tienen. Y es que hay que tener claro que en nuestras playas de por sí hay mucha marihuana distribuyéndose y comercializándose, pero a través del mercado negro y para negocio de las bandas criminales que se disputan esas plazas tan lucrativas a balazos y con el salvajismo que los caracteriza.

Foto: prensa.com
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Entiendo las razones de cuidar de los turistas para que sigan viniendo y se incremente su número, pero también veo muchas razones para cuidar de los mexicanos. Valoro la valentía de Enrique de la Madrid por dar su posición personal y saludo su propuesta porque significaría un avance, pero debiéramos regular la marihuana en todo el país y dar así un primer paso sustancial hacia una política de drogas distinta a la actual. Por cierto, la discusión ahora se da en una coyuntura favorable, no solo por la evidencia contundente e irrefutable del desastre del modelo actual prohibicionista sino también por el contexto de nuestra región.

California acaba de estrenar el primero de enero su regulación para uso personal, también le llaman “recreativo”. Es un punto de quiebre que hará imposible el retorno. Se calcula que para 2020 en ese lugar la industria genere $7 mil millones de dólares, pues se trata un estado que por sí mismo tiene más habitantes y su economía es más grande que las otras ocho entidades de la Unión Americana juntas que ya dieron el mismo paso. Es frontera y Tijuana es la ciudad que más cruces tiene de un país a otro en el mundo. De entrada se van a agudizar dos fenómenos: 1. La disminución de la demanda de marihuana mexicana en EE.UU., lo que hará que mucha se quede en el país haciéndola más barata y accesible, pero con todas las consecuencias perniciosas del mercado negro; 2. El tráfico ilegal de marihuana ahora también se da de allá hacia México para los consumidores que puedan pagar un poco más a cambio de mayor control de calidad. El peor de los escenarios. Los gringos nos dejaron colgados de la brocha puritana para su beneficio económico.

Además, Canadá está a unos pocos meses de convertirse en el segundo país en el mundo que como tal regula toda la cadena de la marihuana para uso personal, desde la producción hasta el consumo -Uruguay fue el primero. Así que mientras nuestros principales socios comerciales están creando una industria con meteórica expansión y altas ganancias, que genera miles de empleos e importantes recursos fiscales para prevenir y atender adicciones -en Colorado han construido escuelas y hospitales con esos impuestos etiquetados e incluso les ha alcanzado para atender con ellos a los desposeídos-, en México nos seguimos matando para tratar de impedir sin éxito que pase una droga a un país donde ya la tienen en muchos estados legalizada, siendo que cuando se firmó el TLCAN nosotros éramos los productores. Pero nuestras buenas conciencias se consuelan rezando encima de fosas comunes.

Los tres candidatos a la presidencia reaccionaron eludiendo el tema. Quien se atrevió a decir algo al respecto fue Ricardo Anaya. Además de invitar a un debate serio sobre el particular, dijo que la regulación de la marihuana no resolvería el problema de la violencia. Al respecto se debe decir que si bien no se trata de una bala de plata o una varita mágica, enfrentar con éxito el problema pasa por cambiar la política de drogas y reducir los ingentes ingresos del narco. En ese sentido, es condición necesaria, pero no suficiente, es decir, ayuda pero no basta. Hay que hacer muchas cosas más como mejorar los servicios de inteligencia, formar y profesionalizar policías, enfrentar bilateralmente el tráfico de armas, ser mucho más rigurosos con el lavado de dinero, fortalecer económicamente al campo, generar más y mejores oportunidades de trabajo, empleo, deporte y cultura para los jóvenes etc.

Pero si no se aborda de manera distinta la problemática asociada a las drogas, como lo han hecho en otros países de manera exitosa, los cambios a la desastrosa estrategia actual serían cosméticos.

Me consta que Anaya está abierto al tema porque como presidente de la Cámara de Diputados apoyó las distintas iniciativas que impulsé como legislador para abrir la discusión sobre la regulación del cannabis y, por lo mismo, tengo la expectativa fundada de que se le pueda convencer de las ventajas de mudar hacia un paradigma no punitivo. Ya veremos.

José Antonio Meade se limitó a patear el bote y llamar a una discusión quién sabe cuándo, en el mismo tenor que el gobierno de Peña Nieto que se desmarcó de las declaraciones del Secretario de Turismo. Sin embargo, uno no sabe a que atenerse porque al mismo tiempo que se dicen abiertos al debate, Navarrete Prida asegura que la prohibición responde a criterios de salud pública y la Secretaría de Gobernación mantiene su negativa a dar permiso de publicación a la Revista Cáñamo, lo que no solo atenta contra la libertad de expresión sino que pretende acallar una fuente informada que precisamente aporta a la discusión que dicen querer dar. No pierdo la esperanza de que Navarrete Prida puede darse cuenta que las balas causan mayores daños a la salud que una planta que no ha generado una sola muerte documentada por sobredosis.

Andrés Manuel López Obrador de plano se negó a hablar del tema, pero es el único de los tres que anteriormente se ha manifestado en contra de la legalización de la marihuana. En aquella ocasión, además de expresar su oposición, pidió que se realizara una consulta pública antes de aprobarse una legislación que en 2014 se planteó para el entonces Distrito Federal, la cual retomaba en buena medida el modelo holandés de tolerancia mediante el principio de oportunidad contenido en el artículo 21 de la Constitución y que final y desafortunadamente fue abortado. Alfonso Durazo, su eventual Secretario de Seguridad Pública, tuiteó descalificando la propuesta de Enrique de la Madrid y sugiriendo la posibilidad de un referéndum, reforzando la idea de entonces de su candidato, misma que AMLO también ha propuesto para los casos de la interrupción legal del embarazo y el matrimonio igualitario.

Es obvio que a los tres les parece un asunto espinoso, pero es del mayor interés público y es impostergable que se le discuta con franqueza e información en las campañas. De eso se trata también la democracia. Y sería conveniente que se hiciera de manera integral, dando la centralidad que merece la perspectiva de derechos humanos e incluyendo la prevención, las políticas de reducción de daños, el tratamiento de usuarios problemáticos, la liberación de consumidores injustamente presos, así como la conquista y defensa de libertades. Sí, ya es tiempo de tomar al elefante por las orejas.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Fernando Belaunzarán

Licenciado en Filosofía con Mención Honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue Consejero Universitario líder estudiantil del Consejo Estudiantil Universitario. Ex diputado federal de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, en la cual ocupó el cargo de Secretario de la Junta Directiva de la Comisión de Gobernación. Es Presidente del Grupo Organizador del Foro Internacional de Política de Drogas y es autor de los libros: "Tiempos Turbulentos", "Herejías políticas en momentos decisivos", "La Guerra de los Herejes" y "Herejía, Crítica y Parresía".

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