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Nobel de la Paz: dando una victoria simbólica pero importante

Por: Rodrigo Vázquez


En medio de varias noticias que resultan poco esperanzadoras para la paz mundial, producto de una coyuntura internacional llena de provocaciones que podrían desencadenar una guerra con detonaciones atómicas catastróficas, hace pocos días se materializó un paso más hacia el desarme nuclear. El pasado 6 de octubre, el Premio Nobel de la Paz de 2017 fue otorgado a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, conocida como ICAN. Nacida en 2007, ICAN incluye a cerca de 500 organizaciones no gubernamentales con presencia en más de 100 países. Su propósito: prohibir las armas nucleares. Sobre decir que esto es una buena noticia para emitir un mensaje de esperanza en pro del desarme cuando algunas potencias caminan en el sentido contrario.

Junto con un tratado cuyo objetivo es prohibir las armas nucleares, hoy abierto a firma, el reconocimiento a ICAN constituye un gran logro. No es ni debe ser visto como una cuestión menor ya que nos recuerda que al apoyar la causa del desarme nuclear se está inequívocamente del lado correcto de la historia. Y a pesar de que a menudo este galardón suscita controversias por el alto grado de subjetividad, al otorgárselo a ICAN se está haciendo un oportuno y meritorio reconocimiento al activismo y organización de la sociedad civil internacional en un tema tan sensible e importante como el desarme, mismo que redundó en un exitoso trabajo para abonar al fin mismo de estigmatizar al arsenal nuclear. Visto así, el Nobel de la Paz viene a sumar al incansable esfuerzo de perfilar y darle la debida visibilidad al riesgo latente de la amenaza del uso de armas nucleares, tarea a la que México le ha dedicado importantes recursos diplomáticos y políticos. En virtud de lo anterior es que puedo afirmar con relativa seguridad que el acompañamiento de la sociedad civil organizada en la causa del desarme nuclear es más que bienvenido.

Foto: https://static.timesofisrael.com/www/uploads/2017/10/000_T87UW-e1507931482286.jpg
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Ahora bien, la decisión alrededor del galardón de Oslo ha brindado una respuesta adicional sobre el debate que rodea al tema del desarme, es decir, sobre justificar o negar la necesidad de que existan y se continúen modernizando las bombas atómicas y su tecnología para preservar su capacidad disuasiva, ampliar el alcance de su poder destructivo e incrementar su precisión. Dicho de otra forma, el hecho de que el depositario del premio se relacione con la prohibición de las armas nucleares constituye una especie de indicio – cada vez más claro – sobre el sinsentido y sinrazón de que este tipo de armamento siga existiendo y deslegitima a aquellos Jefes de Estado que continúan ensalzando su posesión, amenazando con usarlo. Ante ello, este arsenal no solamente debería estar prohibido jurídicamente sino también sancionado moral y políticamente dadas las graves consecuencias que podrían acarrear. Ello equivale a hablar de una necesidad humanitaria.

Conviene caracterizar el contexto en el que se enmarca este premio. Lo primero es el estancamiento de la agenda de trabajo de la Conferencia de Desarme en Ginebra, la cual brilla por la ausencia de avances sustantivos. Lo segundo es la importancia de que la ONU ya cuenta con un tratado para la prohibición total y completa de las armas nucleares; el hecho de que desde el 20 de septiembre el citado tratado se encuentra abierto a firma y ratificación en la Asamblea General de Naciones Unidas define una importante victoria diplomática que le resta legitimidad a los Estados nucleares y llena un vacío legal en la materia. Lo tercero es que este Premio Nobel se da en un momento en el que las probabilidades de que atestigüemos una guerra atómica en el corto plazo crecen exponencialmente. Los diferendos entre Corea del Norte y Estados Unidos a causa de los ensayos nucleares del primero o las amenazas de la administración Trump de negarse unilateralmente a certificar su acuerdo nuclear con Irán hacen patente que hoy sea más probable un conflicto bélico con tintes nucleares.

Con las amenazas de la administración Trump, sumadas a la existencia del citado tratado y el impasse que priva en los mecanismos tradicionales de desarme, me resulta difícil pensar que alguien aún siga dudando de la pertinencia de que ICAN reciba o merezca este premio. Pocos analistas que se consideren serios se atreverían a pensar que la Casa Blanca tan sólo está bromeando con algo tan delicado como es su intención de autorizar el uso de las armas nucleares contra sus enemigos; tampoco negarían el parteaguas en la materia que representa el texto de un tratado jurídicamente vinculante para proscribir las armas nucleares ni que la Conferencia de Desarme mantendrá su inutilidad práctica en caso de que no ser objeto de reformas sustantivas.

Así pues y parafraseando a los dictaminadores en Oslo, en la actual coyuntura internacional el trabajo realizado por ICAN no solo es trascendente sino resulta necesario. Su importancia, al menos simbólica, acentúa las posibles y catastróficas consecuencias humanitarias del uso de las armas nucleares. En virtud de ello es que el significado más importante del otorgamiento de tan preciado galardón es, a mi juicio, la culminación del esfuerzo de la Iniciativa Humanitaria, impulsada en 2010 por un grupo de países en el que figuró México. En este sentido, el premio tiene el potencial, por un lado y en el corto plazo, de ampliar el alcance de la socialización de las amenazas que tiene una detonación nuclear para la sobrevivencia de la especie humana. Por el otro y en un plazo mayor, podría propulsar el desarrollo normativo en materia de desarme a partir del Tratado de No-Proliferación (TNP), muy a pesar del estancamiento que viven las conferencias quinquenales para su examen, así como lograr la estigmatización de las armas nucleares. Es decir, el premio ha logrado poner de relieve la necesidad de continuar trabajando para prohibir de una vez por todas la existencia de dicho arsenal.

Sin embargo, no son pocas las voces detractoras y las plumas pesimistas que aseguran que esta noticia no es otra cosa más que una ilusión, una ingenuidad que en nada cambiará la actitud ni postura de los Estados nucleares. A mi juicio, quienes opinan de esta forma se están equivocando porque tampoco podrían dejar de reconocer que la premiación a ICAN viene a sumar de manera sustancial a los esfuerzos que buscan y promueven el desarme nuclear. En ese sentido, aunque es altamente improbable que en el corto plazo veamos un mundo libre de armas nucleares, el reciente Premio Nobel de la Paz nos da esperanzas de haber dado un paso más en la senda de lograrlo. Con ese anhelo es que debe ser interpretado el galardón a ICAN. Debe ser visto como una victoria. Y sin duda es una que se queda en lo simbólico; pero no por ello deja de ser importante.

Foto: Fuente: https://www.ndtv.com/world-news/anti-nuclear-campaign-ican-wins-2017-nobel-peace-prize-1759471
Foto: Fuente: https://www.ndtv.com/world-news/anti-nuclear-campaign-ican-wins-2017-nobel-peace-prize-1759471

Concluyo respondiendo a aquellos que piensan que el galardón está injustificado para una organización poco conocida fuera de las Naciones Unidas. Bastará señalar la importancia que ha tenido su trabajo en apoyo a México y otros Estados miembros que tradicionalmente han llamado y desplegado importantes recursos en pro del desarme nuclear. Aún más, considero que toda iniciativa tendiente a prohibir el arsenal nuclear es loable y digna de aplaudirse. Cualquier esfuerzo, por más hipotético o idealista que resulte, es mil veces preferible a la constante amenaza de la detonación – accidental o no – de un arma nuclear o al hecho de continuar justificando su existencia. Ni la alta complejidad alrededor de los multicitados problemas para verificar los mecanismos para su abolición ni las incertidumbres alrededor de los supuestos fines pacíficos de los programas nucleares civiles ameritan desestimar la valía del activismo para su prohibición.

Por ende, no encuentro justificación alguna para criticar al Comité Noruego del Nobel en esta ocasión. Al galardonar a ICAN, Oslo ha sido congruente con la preocupación que es común a todo el orbe sobre la posibilidad de una detonación nuclear y llama al fortalecimiento de la cooperación entre los Estados y actores interesados, fuera o dentro de las Naciones Unidas. Celebremos este galardón como si fuera propio, dándole la justa dimensión y reconocimiento al papel de la sociedad civil para aumentar la presión en favor de un mundo libre de armas nucleares. Sin duda, la noticia que nos llegó a inicios de octubre es una aportación al paradigma del desarme nuclear completo; es un paso más hacia la estigmatización de estas armas. No nos queda decir nada más que: enhorabuena.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Rodrigo Vázquez

Maestro en Relaciones Internacionales y Política por la Universidad de Cambridge, becario Chevening e internacionalista por la FCPyS-UNAM, recibiendo la Medalla Gabino Barreda. Cuenta con estudios universitarios en UCSD. Actualmente es Agregado Diplomático del Servicio Exterior Mexicano. Previamente fue Subdirector de Relaciones Internacionales en la Unidad de Política Migratoria de la SEGOB, miembro del Servicio Profesional de Carrera y trabajó por varios años en la Cancillería a cargo de los temas de Política Interna de Estados Unidos. Es socio COMEXI.

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