Novatadas

Por Omar García Velásquez


Durante mis primeras semanas en la Normal Rural de Ayotzinapa me novatearon, luego yo novateé a la siguiente generación, ellos a su vez novatearon a los que llegaron después, y así sucesivamente. De esa manera me inserté en una tradición que se ha extendido por décadas en las normales rurales, pero que no por estar extendida es completamente aceptada ni por todos los que hacen las novatadas ni mucho menos por quienes las padecen. A lo largo de la historia ha habido diversas voces que las han juzgado como prácticas incorrectas, incluso reprobables, todas ellas, voces invisibilizadas, pues no es políticamente correcto hablar de esto.

Entre el día 18 y 21 de julio del presente año en la Normal Rural Mactumactzá, Chiapas ocurrió la muerte de un aspirante que, aunque haya una carrera de versiones entre las autoridades –quienes afirman que su muerte se debió a la novatada– y los estudiantes –que niegan que fuera así–, lo cierto es que sucedió en ese contexto.

Fuente: pozol.org
Fuente: pozol.org

Posteriormente, el día 11 de agosto se supo del fallecimiento de otro joven, también en el contexto de una novatada, esta vez en la Normal Rural “J. Guadalupe Aguilera”, en Durango. Los nombres de estos chicos: José Luis Hernández Espinosa y Rolando Mujica Morales, respectivamente.

Fuente: ahoradiario.mx
Fuente: ahoradiario.mx

Pero, ¿qué son las novatadas? ¿Por qué y para qué se practican? ¿Se justifica dicha práctica en la actualidad?

Para evitar el nombre de novatada, en las normales rurales tienden a llamarles “cursos de inducción”, “cursos propedéuticos” o “semanas de prueba”, pero es en estricto sentido un “rito de iniciación”, es decir, una actividad que tiene, desde su origen, la finalidad de  insertar en el sentido más amplio a los recién llegados al estilo de trabajo, de estudio y de lucha de estas escuelas, el cual –al igual que la vida al interior– es muy distinto a otras, pues se trata de internados con tierras para el cultivo y granjas para la crianza de animales, pero, ante todo, se trata de organizaciones que forman políticamente a sus miembros para participar en protestas y en luchas sociales de izquierda al estilo marxista-leninista.

En la actualidad las actividades para cumplir estos objetivos varían según la escuela de que se trate, pero a grandes rasgos se realiza labor social, como reparación de calles o viviendas, trabajo en las tierras –tanto propias como de los campesinos de los alrededores–, ejercicio físico, círculos de estudio nocturnos de temas de teorías políticas de izquierda que incluyen ver y analizar películas y documentales. En las escuelas de hombres se les corta el cabello a los recién llegados. Todo ello implica, en suma, pasar de 10 a 15 días en actividad constante, escasa alimentación y pocas horas de sueño.

Hasta aquí se podría decir que no hay nada anormal, sin embargo desde hace unas dos décadas se han conformado al interior de las escuelas dos grandes corrientes políticas que sostienen estilos de aplicación de las novatadas contrarios. La primera es siempre minoritaria en número de estudiantes, pero partidaria de evitar cualquier tipo de exceso, por lo que prioriza el trabajo que tenga un sentido pedagógico y de verdadera adquisición de sensibilidad hacia los problemas sociales; la otra, mayoritaria, es siempre partidaria del desquite, del exceso sobre los recién llegados, pues los mueve más el ánimo de vengarse por lo que ellos sufrieron el año anterior que por sensibilizar. Se comprenderá que es de cada generación que ingresa a las normales rurales donde estas dos corrientes alimentan sus filas para continuar la tradición.

No hay una fecha exacta de cuándo comenzaron a aplicarse las novatadas, pero está claro que con el paso del tiempo se han desviado de sus objetivos, al extremo de que cada año se registran numerosas quejas de parte de alumnos y familiares sobre violaciones a los derechos humanos, heridos y hasta muertes.

Ante los hechos recientes, ¿por qué sostengo que las normales rurales deben buscar una manera distinta de integrar a la lucha a sus integrantes y, en consecuencia, erradicar las novatadas?

Primero, porque los dos chicos muertos este año son razón más que suficiente y, segundo, porque al tratarse de una organización estudiantil de oposición, es lógico que los ojos del Estado y de los medios de comunicación están permanentemente sobre ellos, y que cualquier exceso será aprovechado para restarles crédito frente a la opinión pública. Además, no se trata de daños menores, se trata de muertes, y creer que las novatadas pueden mejorarse o volver a su sentido original es muy poco probable debido a que quienes dominan su aplicación son mayoritariamente chicos y chicas que poco o nulo interés tienen en la lucha social.

Los normalistas podrán argüir que los medios mienten; que se trata de campañas mediáticas en su contra; que es parte de la ola criminalizadora de la protesta social. Y es verdad, también es parte de eso, pero, insisto, en buena medida es porque ellos “se ponen de pechito”, dándole argumentos y las condiciones al Estado y a los medios para criminalizarlos.

Las organizaciones que los apoyan, los defensores de derechos humanos que suelen acompañarlos, sus egresados y egresadas podrán poner el pellejo por ellos y decir de igual manera que se trata de una embestida mediática, pero eso significaría solaparlos y legitimar las novatadas, de tal manera que en los años siguientes veremos más noticias de agravios como estos.

Desde mi punto de vista, a estas alturas es difícil defender lo indefendible. Con esto no quiero decir, bajo ningún concepto, que debe caer sobre dichas escuelas “toda la fuerza del Estado”, sino que deben esforzarse ellos mismos y quienes los defienden por hacer una evaluación de lo que las novatadas han implicado; revisar y escuchar a las voces aisladas que existen en sus escuelas que no sólo claman recuperar el espíritu original de las novatadas, sino también por su erradicación y por la búsqueda de alternativas.

Por otro lado, también es cierto es que deben deslindarse responsabilidades por los hechos ocurridos, pero eso sí, a la luz de la justicia y de la imparcialidad.

Cuando ocurrió la muerte del chico en Chiapas fui de los primeros en alzar la voz y dije fuerte y claro que hay muchas cosas de los normalistas que se hacen bien, que éstas deben fortalecerse, actualizarse y preservarse; pero que, definitivamente, las cosas que se hacen mal deben erradicarse.

Dije también que los normalistas deben asumir que si nos enseñan a rebelarnos contra las injusticias cometidas por el de arriba, debe  por fuerza enseñarnos a no guardar silencio ante las injusticias cometidas por los de abajo y, en consecuencia, a combatirlas, pues de otra manera su lucha no es por la transformación de las relaciones de poder actuales, sino una lucha que reproduce y sustituye una forma de opresión por otra.

En estos días que otro chico ha muerto en Durango en el contexto de otra novatada lo recalco igual de fuerte.

Omar García Velásquez, colaborador del Área Legal de CENCOS Twitter: @Omarel44

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Acerca de CENCOS

El Centro Nacional de Comunicación Social, A. C., Cencos, es una asociación civil fundada en 1964 por José Alvarez Icaza y Luzma Longoria. Un espacio de reivindicación de justicia social para visibilizar a aquellos sectores de la población que no tienen a su alcance a los grandes medios de comunicación o las herramientas suficientes para transmitir sus mensajes.

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