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Nuestra huella ecológica, al final no ha sido nada ecológica

Por Karina Jiménez


Antes que el ser humano habitara la tierra, los gases de efecto invernadero se han producido de manera natural siendo esenciales para el mantenimiento de la vida tal y como la conocemos, al impedir que parte del calor del sol se propague hacia el espacio. Sin embargo, después de siglos de un mundo hambriento de expansión y de acelerada industrialización, el resultado ha sido que las emisiones de esos gases se han multiplicado y acelerado.

En 1958 una de las primeras mediciones científicas realizadas por Charles Kelling revelaron que las concentraciones de CO2 iban en aumento, eso quería decir que desde entonces algo estaba pasando, que los océanos, mares, bosques y mantos acuíferos estaban absorbiendo a un menor ritmo los gases que se estaban produciendo en el planeta.

Fuente: eko-unia.org.pl
Fuente: eko-unia.org.pl

Fue hasta 1979 que bajo la Organización Meteorológica Mundial (OMM) se llevó a cabo la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima en Ginebra, la cual introdujo en la agenda el tema del medio ambiente, especialmente el Cambio Climático fue considerado como un problema real e invitaba a los gobiernos a reducir el impacto negativo del ser humano sobre su entorno. Desde aquel precedente, se han realizado diversas conferencias de alto nivel, foros, grupos de expertos científicos, etc.

En 1988 se crea el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que reunió 400 científicos para analizar los efectos y consecuencias de los GEI, lo anterior derivó en la elaboración de cuatro informes de evaluación que incluyen posibles impactos y soluciones. En 1992 se lleva a cabo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (la Cumbre de la Tierra) en Río de Janeiro, Brasil. Un año después le sigue la Primera Conferencia de las partes Berlín, en la cual se redacta el Mandato de Berlín que plasma en su primer artículo

“las partes de este Mandato deberán proteger el medio ambiente en beneficio de la presente y futura generación, con base en la equidad y en concordancia con las responsabilidades comunes” Esto se retomaba del Informe Brundtland Nuestro futuro común (1987).

En 1997 el Protocolo de Kioto revive las esperanzas de un compromiso concreto por parte de los países más industrializados, para reducir las emisiones en un 5.2% de los seis gases que más afectan a la atmósfera (bióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFCs), perfluorocarbonos (PFCs) y hexafluoruro de azufre (SF6). Sin embargo, muchos especialistas aseguran que el Protocolo tuvo una muerte prematura, ya que uno de los países más contaminantes, Estados Unidos, no lo ratificó y, por lo tanto, los demás países industrializados terminaron por no tomar las medidas tan enserio. Aun cuando se lograron algunos avances en la reducción de gases contaminantes, a la larga se fueron estableciendo objetivos mínimos que terminaron convirtiéndose en letra muerta.

Fuente: GoodFreePhotos
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En 2002 durante la Conferencia de Johannesburgo, la sociedad civil hace su aparición con una conciencia sobre la problemática. En 2009 sigue la Conferencia de Copenhague, luego en Cancún 2010 se adoptan compromisos políticos para enfrentar el cambio climático, algunos de los ejes logrados en los acuerdos de Cancún fueron la creación del Fondo Verde para el Clima, cuyo objetivo es proveer financiamiento a proyectos en países en desarrollo. En la Conferencia de Durban 2011 comienza a gestarse lo que en 2015 se conocerá como la Cumbre de París, Acuerdo legalmente vinculante para obligar a los Estados a comprometerse con la protección del medio ambiente. Actualmente el Acuerdo de Paris se encuentra en duda, porque desde que Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump anunció su retirada del Acuerdo, se ponen en riesgo nuevamente las metas planteadas.

Ante este resumen de tratados, convenios, cumbres y acuerdos más importantes que se han emprendido para evitar empeorar la situación ambiental, la pregunta obligada sería ¿por qué la humanidad se encuentra frente a frente con el abismo que representa el cambio climático? ¿Es la falta de compromisos políticos, la poca conciencia que se tiene sobre la importancia del tema, la ambición y saqueo desmedido por los recursos naturales vistos como un bien económico, o la suma de todos, lo que nos tiene en esta frágil situación?

En general, aunque se han hecho esfuerzos importantes, no han sido suficientes porque tal parece que ni la comunidad internacional en su conjunto, ni nosotros como individuos hemos modificado nuestros dañinos hábitos de consumo. Actualmente los gobiernos y empresas han sido reticentes a llevar a cabo reformas de calado que caminen hacia una verdadera transición energética.

Recordemos que hace apenas unas semanas las primeras planas anunciaban el descubrimiento de agua en Marte, sin embargo, solo pasaron unos días para toparnos con la sorpresa de que todavía no se acaba el 2018 y ya nos acabamos los recursos renovables para este año. La gran paradoja es que mientras se obsesionan con la idea de encontrar agua en otro planeta para empezar la era de viajes espaciales, aquí en nuestro hogar actual, cuyo recurso principal es el oro azul, este recurso es cada vez más escaso, está más contaminado y hasta geopolíticamente mal distribuido para ciertos fines. 

Hoy utilizamos más recursos y servicios, se ha incurrido en la sobrepesca, sobreexplotación de los bosques y la emisión de más dióxido de carbono a la atmósfera de lo que los ecosistemas pueden absorber. El impacto ha sido tal que “para poder cubrir las actuales tasas de consumo, es necesario el equivalente a 1.7 planetas Tierra” expone Earth Overshoot day. 

En mi opinión lo preocupante es que ni siquiera el derretimiento de los polos parece representar un problema para algunos países, los cuales están ansiosos de extraer el motín que estos albergan kilómetros bajo tierra. De hecho, una investigación publicada en el País y posteriormente en la BBC, dio a conocer que se estima que tan sólo el Ártico contiene miles de millones de barriles de petróleo y billones de metros cúbicos de gas natural, equivalentes a entre el 16 y 26% de las reservas terrestres no descubiertas. Rusia y Noruega son los primeros en la lista que buscan con proyectos altamente tecnológicos extraer lo que hay en el fondo y contra a toda sanción internacional.

Lo que la humanidad no quiere ver es que la naturaleza no espera, la naturaleza tiene su propio ritmo e inteligencia, y si este ritmo se ha visto alterado por la inconciencia y la codicia del ser humano; entonces las consecuencias están ya siendo evidentes: migraciones por escases hídrica, desastres naturales, altas temperaturas, etc. El momento es ahora, el poder que tenemos como sociedad es altísimo, usemos el poder del consumo precisamente para no consumir aquello que daña o bien, a las empresas que más contaminan. Si tienes un celular en buen estado, no lo cambies solo porque ya hay una versión nueva, reutiliza, lleva tu termo a la cafetería de tu elección, usa tu coche lo menos posible, si vas a comer a un lugar acostumbra a los meseros que no te sirvan ni alimentos, ni bebidas en contenedores de plástico, recoge tu basura donde quiera que vayas; porque aunque tal vez no todos tenemos el gran poder de una transnacional o de un gobierno, con nuestras acciones en conjunto podemos presionar para que las políticas cambien, para que los productos que nos quieren vender sean sustentables a precio razonable, eso quiere decir que el poder que tenemos es la conciencia y la acción.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Karina Jiménez

Egresada de la carrera de Relaciones Internacionales, especialista en Seguridad Internacional y en Gestión de Proyectos de Cooperación Internacional para el Desarrollo, ha participado como ayudante de investigación en el Programa de Estudios Políticos de la UNAM donde ha realizado diversas publicaciones académicas relacionadas con la Geopolítica de los recursos naturales. Ha trabajado en el Centro de Estudios sobre Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria de la Cámara de Diputados.

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