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Nuestros derechos, en la opacidad

Por: Coralia Souza


 

A puerta cerrada, regulando la presencia de medios de comunicación, sin permitir el acceso a sociedad civil y con la intención de ni siquiera transmitir la discusión en el canal del congreso, fue como aprobó la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados el dictamen de la Ley de Seguridad Interior el pasado jueves 30 de noviembre. Esto, ante los ojos de quien sea se llama opacidad.
 
La presión de diferentes organizaciones del colectivo #SeguridadSinGuerra lograron ser suficientes para provocar un giro y que la discusión fuera transmitida en televisión;
permitiendo así que – por lo menos- un porcentaje de la población tuviera acceso a algo de información.
 
Ese mismo día, más tarde, fue aprobado el dictamen en la Cámara de Diputados con 214 votos a favor, 101 en contra y 4 abstenciones; dando paso a la discusión en el Senado que comenzó el martes 5 de diciembre.

Foto: forbes.com.mx
Foto: forbes.com.mx

Los puntos que resultan más graves de esta propuesta son las capacidades que se le otorgarían a las fuerzas armadas para desempeñar funciones que corresponden a autoridades civiles, como llevar a cabo investigaciones, asegurar bienes, recibir denuncias de posibles delitos o practicar detenciones, neutralizar actos de resistencia no agresiva y utilizar cualquier método de recolección de información. Y más allá de que esto sea un intento por poner un parche a la incapacidad de los policías, lo alarmante es que ahora podrán intervenir en situaciones que no son de guerra en este país, si no en cualquier situación, y sería el Presidente quien decida cuándo es necesario que las fuerzas armadas actúen. Es clarísima la facilidad con que se violarían los derechos de todos y todas.

La reacción de todo aquel que pueda leer entre líneas la obvia intención de militarización del país no ha tardado en dejarse ver: protestas, recomendaciones de organismos internacionales y difusión de estudios académicos que señalan lo inconstitucional e incongruente de esta ley se han difundido entre cualquier ciudadano con un mínimo interés en el tema.

Resulta más que evidente el interés que ha mantenido activo a ciertos grupos en el proceso que ha seguido esta propuesta de ley en los próximos días; sin embargo, creo que la raíz del problema reside (como casi en todo en este país) en la falta de simpatía y participación ciudadana en este tipo de temas. ¿Y cómo no va a ser así si a casi todos los provoca cierto repudio el siquiera hablar de diputados y senadores que parecieran ser entes lejanos e inalcanzables tomando decisiones en lugares a los que no tenemos acceso?, ¿cómo nos vamos a interesar en investigar, leer e informarnos sobre leyes que parecieran no funcionar en este país?, ¿cómo desapegarse del hastío que provoca ver a figuras políticas usar temas importantes para sus beneficios personales, como si se tratara de un juego de poder en donde los ciudadanos somos peones fácilmente sacrificables?; ¿cómo salir del loop infinito de “¿y yo qué puedo hacer?” en el que nos vemos inmersos cada que nuestros presidentes hablan de decisiones que nos adentran más en el túnel de violencia, inseguridad, corrupción y pobreza que rige este país?

Y mientras pensamos esto, no hacemos nada; y la cifra de más de 30 mil desaparecidos sigue aumentando, la “guerra” contra el narco sigue sin funcionar, noticias sobre abusos y asesinatos por parte del ejército siguen saliendo a la luz y pareciera que cada vez se siente más cercano el peligro.

Para quienes participamos en organizaciones de la sociedad civil desde hace poco, la situación del país provoca un conflicto interno, pues podemos ver ambas caras de la moderna: la lucha y la indiferencia; podemos entender lo sumamente grave que es la Ley de Seguridad Interior y al mismo tiempo vivir la cotidianidad de la inseguridad que nos rodea y clama por un o una “cura” mágica que detenga el virus que nuestro mismo gobierno ha permitido y provocado.

Creo que la pregunta ahora es ¿podemos abrir los ojos ante este intento de dotar a las fuerzas armadas poderes casi divinos justo antes de la finalización de este sangriento sexenio?, ¿qué pasaría si fueran legalizadas todas las violaciones a derechos humanos y crímenes que han cometido las fuerzas armadas bajo el mandato de Peña Nieto?, ¿tras la aprobación de la Ley de Seguridad Interior, una vez finalizado el actual sexenio quiénes se librarían de la mano de la justicia?

Coralia Souza, originaria de Guadalajara, Jalisco, estudió la licenciatura en Medios Audiovisuales con especialización en multimedia, en el Centro de Medios Audiovisuales. Diseñadora y creadora de contenidos en diferentes medios, ha colaborado en el desarrollo de diferentes productos audiovisuales, libros y sitios web.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de CENCOS

El Centro Nacional de Comunicación Social, A. C., Cencos, es una asociación civil fundada en 1964 por José Alvarez Icaza y Luzma Longoria. Un espacio de reivindicación de justicia social para visibilizar a aquellos sectores de la población que no tienen a su alcance a los grandes medios de comunicación o las herramientas suficientes para transmitir sus mensajes.

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