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Nunca es suficiente

Por: Bryan Lechuga



Nos han enseñado a ser hijos e hijas del miedo, de la capitulación, del fracaso. Nos han adiestrado a resignarnos con mansedumbre y sumisión al estado de las cosas. La costumbre de la claudicación se ha quedado entre nosotros, no como acompañante fiel sino como yugo. Algo que se instaló y se ha quedado allí de forma aberrante. La soga al cuello del país donde los gobernantes deciden y los ciudadanos callan.

Fuente: univision.com
Fuente: univision.com

La condena del país donde la clase política aprueba reformas como quiere, cuando quiere, y la población padece sus efectos en silencio. Donde disentir es peligroso, subversivo, condenable.

Condenable preguntar, exigir, dudar, sacar de las sombras. Hacer con la palabra una operación de rescate de aquello que nos pertenece. El derecho a saber cuál será el destino de nuestro país los próximos seis años. El derecho a saber qué tipo de administración pública tendremos. El derecho a saber cómo será combatida la corrupción en un contexto desmedido de conductas injustificables. Más allá de los debates y actos públicos y privados con diferentes sectores de la sociedad civil, merecemos un espacio legítimo de participación ciudadana que todas y todos deberíamos ocupar. Abrir así el debate que los aspirantes a gobernarnos afirman se está dando y no es necesario ampliar o profundizar por el momento.

Ir más allá de lo decidido por quienes seleccionan las propuestas y discursos de los candidatos y candidatas y tener la oportunidad de expresar dudas compartidas que no han sido aclaradas.

Y así, con ese antecedente, salir a participar el próximo 1º de julio en un acto de liberación, de validación. Liberación de esa identidad ciudadana perdida en el laberinto de lo dado. Validación de todo aquello que los organizadores de eventos de los candidatos nos dicen no debemos decir, por que, al día de hoy, las propuestas en su conjunto, no resuelven de fondo los problemas estructurales de un gobierno que históricamente ha venido gastando mal y de forma opaca, los recursos de todas y todos los mexicanos.

Tenemos dos opciones, la subversión ante lo que no ha sido bien explicado, bien argumentado, bien planteado, o aceptar la insuficiencia de contenido e incidencia de las diferentes agendas públicas que defendemos desde la sociedad civil en las plataformas de las candidatas y los candidatos, ante la prisa por asegurar lo acordado —en el mejor de los casos— y no propongamos reglas claras para contener su acción dentro del marco del interés público, al momento que alguno de ellos o ellas llegue al ejercicio del poder.

Preocupaciones legítimas, preocupaciones serias, preocupaciones que el sistema político actual busca minimizar, a través de la aplastante denigración de lo distinto. Cuando asistimos a foros, encuentros o debates no estamos buscando suplantar sus propuestas, ni sabotear a las y los aspirantes, más bien se trata de exigir que se nos tome en cuenta de forma seria y con claridad. Más bien se trata de pedir que se corrijan rumbos.

Más bien se trata de ser disruptivos por el valor que tiene hacerlo. Como lo que demostró en los años 50 el psicólogo Solomon Asch, en experimentos sobre la conformidad social. Cuando a un grupo le presentó rayas de diferentes tamaños y les pidió comparar su longitud—sin informar que algunos de sus miembros habían sido colocados allí para dar deliberadamente la respuesta incorrecta—casi 75 por ciento de los participantes se conformaron con el grupo aún a sabiendas de que éste daba la respuesta equivocada.

Los seres humanos tienden a seguir al grupo del que forman parte, porque temen más al ridículo, a la crítica y al aislamiento, que al error. Pero Asch también descubrió algo que ensancha las fronteras del optimismo. Cuando alguien daba la respuesta correcta sobre la longitud de las rayas, el grado de conformidad, y el error, bajaba. Y eso es lo que deberíamos atrevernos hacer, cuestionar el tamaño de las líneas que las candidatas y candidatos presentan como perfectas. Discrepemos ahora para que alguien, alguna vez decida mejor y gobierne mejor. Porque nada fortalece más a la autoridad arbitraria que el silencio de los que no quieren o no saben o no se atreven a discrepar.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Bryan Lechuga

Abogado, asesor y analista político, con estudios de posgrado en la UNAM. Ha ocupado diversos cargos en la administración pública de la Ciudad de México, espacios donde ha promovido la incorporación de conocimientos e ideas que permitan el desarrollo de políticas públicas más eficientes.

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