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Once años de conflicto armado… y los que faltan

Por: Tadeo RC


 

Eran los primeros días del mes de diciembre de 2006, cuando el entonces Presidente de México, Felipe Calderón, expresamente declaró la guerra a la delincuencia organizada. Se trataba, desde luego, de una simulación (como todo en la vida política de este país), ya que no existía la intención ni la capacidad de poner fin a la oferta y demanda de enervantes (tanto doméstica como internacional).

Comenzaron a implementarse una serie de acciones encaminadas a lograr la captura de ciertos personajes y a crear en la población la percepción de que “el gobierno sí trabaja”. Se emplearon corporaciones policiales al igual que fuerzas armadas en diversos operativos y, aunque la guerra es simulada, la violencia se hizo real.

Foto: juantadeo.files.wordpress.com
Foto: juantadeo.files.wordpress.com

Previo a ejecutar las acciones armadas, no se llevó a cabo un diagnóstico apropiado de la corrupción en órganos de investigación y de desarrollo de justicia, en los que después fue obvia la presencia de individuos involucrados con la delincuencia organizada.

Ocurrió la sucesión presidencial y llegó Enrique Peña a sustituir a Calderón. Su administración “heredó” la guerra iniciada por el saliente y decidió continuar con ella. Algunos ajustes fueron hechos, siendo el primero de ellos influir en la forma en que debía hablarse del conflicto, buscando dejar la impresión de que la violencia no existe, o si existe, es en lugares remotos, sin consecuencia real para la ciudadanía.

En febrero de 2018, once años después de que se declaró la guerra, la realidad del país se encuentra integrada por la multiplicación de grupos armados y la pugna entre las fuerzas armadas (o sea, los militares) y las corporaciones policiales; los constantes hallazgos de fosas clandestinas a lo largo y ancho del territorio nacional; las ejecuciones extrajudiciales o “abatimientos”, las ejecuciones lisas y llanas (descabezados, rafagueados, encajuelados, etcétera); las desapariciones forzadas; la existencia de miles de desplazados internos; las constantes amenazas a la libertad de expresión; la vigilancia ilegal que el Estado conduce mermando la privacidad de los ciudadanos; la denegación de justicia para las víctimas y un sinfín de otras violaciones a derechos fundamentales.

Foto: taringa.net
Foto: taringa.net

Realidad que corresponde a la de un país inmerso en un conflicto armado interno, aunque dicha calidad no haya sido reconocida aún por el Estado ni por los organismos e instrumentos de Derecho Internacional. Y como ése reconocimiento tarda en llegar, servidores públicos y estudiosos niegan la existencia del conflicto[1] (implicando ello un despótico insulto a las víctimas), restándole gravedad a la situación, todo con miras a sostener la simplista postura de que “no estamos tan mal” y de que –ciertamente– “podríamos estar peor”.

Sin que resulte sorprendente, el conflicto armado interno queda completamente fuera de la agenda de los aspirantes a suceder a Enrique Peña. Sólo uno de ellos enunció por ahí la palabra amnistía como parte de una posible solución, pero sin estructurar una idea de qué otras acciones podrían implementarse para buscar poner fin al conflicto. Se trató pues de un planteamiento mendaz e insuficiente.

Es mi opinión que si continúa negándose la existencia del conflicto, más tardará en llegar la reparación y la justicia para las víctimas, así como el cese al fuego y el alto a la violencia. Los abyectos integrantes de la clase política mexicana le apuestan a eso, y a todo lo que represente continuidad del sistema que les ha permitido llenar sus bolsillos, el de sus cónyuges y descendientes (¡hasta los de sus hetairas!), así como amasar más poder y abolir de facto los contrapesos a éste.

Por eso, la ausencia de reconocimiento al conflicto armado interno y por ende, el nulo debate de ideas para llevarlo a un fin, augura que las campañas presidenciales de este año serán tan estériles como las anteriores, anticipando que quien ocupe la presidencia contribuirá a prolongar el conflicto, de lo cual sólo pueden esperarse desastrosos resultados.

[1] Véase: ¿Y cuándo hablaremos de Derecho Humanitario? http://themexicantimes.mx/y-cuando-hablaremos-de-derecho-humanitario/

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Tadeo RC

Bloguero independiente, actualmente autor en Advox y Global Voices; antes colaborador en Sopitas.com. Los temas de interés son rendición de cuentas, transparencia, derechos fundamentales y todo sobre la #CDMX. Ocasionalmente escribo de deportes y cine.

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