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PAN: la probable guerra que viene

Por Carlos Castillo


La derrota del pasado 1 de julio fue para el Partido Acción Nacional (PAN) una sin precedentes en su historia moderna, al menos en lo que toca a la candidatura por la Presidencia de la República y la conformación de las cámaras de diputados y senadores.

Y ante estos resultados, no han sido pocas ni menores las voces que exigen la renuncia del actual presidente panista, Damián Zepeda, así como la convocatoria a un proceso interno que renueve a la dirigencia completa.

Fuente: Parabólica.mx
Fuente: Parabólica.mx

Tampoco han sido, en ese sentido, pocos quienes han alzado la mano para señalar su decisión de contender por aquel cargo, en ese juego de presiones y tensiones que acompaña una derrota y la obligada rendición de cuentas de quienes condujeron al PAN durante ese tiempo.

Decisión, no obstante, que hasta el momento no ha ido acompañada de propuesta alguna, ni de qué estrategia se seguirá para dar nueva unidad al partido, ni tampoco cómo se corregirán las obvias deficiencias estatutarias que desde 2014 han mermado la pluralidad en la composición de los órganos internos, la imparcialidad en la competencia, la transparencia en la integración del padrón y otras tantas que fueron apuntalando a un grupo cada vez más cerrado, distante y gregario.

Surgen así, uno tras otro, nombres que se preparan para una competencia que en las actuales condiciones pudiera estar más cerca de una “guerra civil” que de una contienda anclada en valores, actitudes y normatividad que garanticen una sana democracia interna.

Porque no hay que olvidar, hoy las reglas del PAN están diseñadas para que el ganador se quede con todo y pueda de nuevo relegar y descartar a sus adversarios; hoy esas reglas son un incentivo para sustituir a una cúpula por otra, y prescindir de perfiles sin duda valiosos que habrá en otros grupos; hoy los estatutos del PAN legitiman (aunque sólo por la vía legal, no por la ética) y fomentan exclusión, cerrazón, falta de debate, de acuerdo y, en suma, de legitimidad del ganador.

Acudir a una contienda interna en esas condiciones podría resultar suicida en un momento en que la construcción de unidad, a través de reglas justas y equitativas, resulta si no imposible, sí complejo y poco probable.

Se añade a esto que la elección interna se realizará entre una militancia molesta, dolida, no pocas veces relegada por sus propios dirigentes, ninguneada durante los procesos locales y federales de 2018 para favorecer las postulaciones de otros partidos, acallada bajo amenazas de expulsión, obligada a respaldar a aquellos en quienes no creía y en quienes no confiaba.

La lucha por lo que queda del PAN puede ser en este momento, y bajo los actuales estatutos, un paso contraproducente para lograr ese objetivo mayor y urgente que es construir una fuerza opositora digna y sólida, que haga frente a un presidente y a un partido que son mayoría y tienen amplios márgenes de operación política.

El camino de la continuidad de la actual dirigencia, ante los magros resultados de hace diez días, es sin duda uno imposible de transitar; tampoco se antoja como alternativa una elección cuyos resultado o procedimientos podrán cuestionarse para descalificar al ganador o al propio proceso.

Una tercera ruta podría ser la de la unidad entre aspirantes. Esto es que quienes tienen posibilidades reales de competir (porque en estas situaciones no se pierde la muy priista costumbre de alzar la mano a ver qué toca), conformen una única planilla (que es el desastroso y también muy priista modelo de participación en la contienda interna que marcan los estatutos) y acudan como un solo bloque con dos objetivos únicos: reformar las normas internas para garantizar una competencia equitativa, y convocar a un nuevo proceso.

Una especie de mesa de unidad donde tengan cabida los distintos grupos y los liderazgos más representativos del PAN. Esto es construir la unidad empezando por la unidad. Obligarse al acuerdo, al diálogo, a la negociación abierta y transparente, a ceder un poco en lo individual para ganar en lo colectivo.

Demostrar que existe voluntad para sumar y hacer a un lado esa ya arraigada tendencia a creer que un solo grupo o una sola persona podrá resolverlo todo.

Que se antoja este el camino más complejo y cuesta arriba, no queda duda. Que exige generosidad, ceder espacios, construir gobernabilidad interna a partir de la pluralidad y no de la imposición o la obediencia, es cierto también. Pero las soluciones fáciles o a modo han llevado al PAN a donde está: a un punto de descomposición del que podría no existir vuelta atrás.  

Esta es mi propuesta. ¿Alguna otra?

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

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