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Partido ya no es destino

Por: Gerardo Garibay



Hasta hace unas semanas, mientras mantenía encendida la esperanza de ser designado como candidato de Morena al gobierno de la Ciudad de México, Ricardo Monreal era quizá el más fiel de los militantes del Movimiento Regeneración Nacional; ahora coquetea abiertamente con la posibilidad de irse a otro partido, candidatura de por medio. Hasta hace unas semanas, Dolores Padierna era orgullosamente perredista; ahora abandonó al PRD para brincar a la retaguardia de Morena.

A primera vista son dos ejemplos de la avaricia de la clase política mexicana, pero no cometamos el error de quedarnos sólo con esta certeza, pues más allá de la innegable voracidad de Monreal, de Padierna y de tantos otros, existe un fenómeno que no se limita a la izquierda, que no se limita a México y que en el mediano plazo amenaza con transformar radicalmente el paradigma del sistema de partidos.

Foto: polemon.mx
Foto: polemon.mx

¿En qué consiste? Me explico: durante mucho tiempo los partidos políticos fueron los reyes indiscutibles de la vida electoral y gubernamental en la mayor parte los países occidentales. A causa de las marcadas diferencias ideológicas entre las distintas opciones, para buena parte de la sociedad la militancia en un partido iba mucho más allá del mero acto del sufragio, implicaba una forma de vida, una visión del mundo y una lealtad institucional, que solía transmitirse como legado de familia. En términos generales era casi imposible que un político subsistiera fuera del ecosistema partidista, y era muy extraño que cambiara de partidos.

 ¿Por qué?

Porque en la democracia de voto generalizado las campañas sólo pueden ganarse contando con el respaldo de una estructura sólida, y los partidos, como instituciones permanentes y financiadas (en el caso de México) por el gobierno, tienen una innegable ventaja competitiva a la hora de obtener acceso a los medios de comunicación masivos y desplegar estructura para la promoción de los candidatos, la búsqueda del voto y, lo más importante, la movilización en el “día D”.

Sin embargo, las nuevas tecnologías han abaratado la comunicación masiva, y facilitado la comunicación necesaria para mantener equipos cohesionados. Al mismo tiempo, esta facilidad de comunicación y el acceso a nuevas ideas ha fomentado la creación de cada vez más epicentros sociales (minarquistas, anarquistas de libre mercado, socialistas de diversos colores, ecologistas, etc.) lo suficientemente distintos como para poner en tensión las tradicionales alianzas bajo las carpas de izquierda y derecha. Mientras tanto, la fortaleza institucional, que es una de las grandes ventajas de los partidos, se ha convertido en un lastre a los ojos de muchos ciudadanos, que consideran que la burocracia de los partidos políticos tradicionales no logra obtener los resultados prometidos.

Foto: colombiainforma.info
Foto: colombiainforma.info

La combinación de estas tres circunstancias ha provocado el ascenso de una especie de híbrido entre los cacicazgos de la vieja política y la partidocracia moderna: partidos adaptados específicamente al líder.

Por supuesto, siempre han existido personajes con la fuerza suficiente como para formar instituciones enteras a su alrededor (De Gaulle y Juan Domingo Perón me vienen a la mente), pero ahora este fenómeno se ha multiplicado. Pensemos por ejemplo en los partidos “de la U” y “Centro Democrático,” creados por Uribe en Colombia; en la coalición “Cambiemos” que llevó al poder a Macri en Argentina; en “Peruanos Por el Kambio,” del presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski y “En Marcha,” del francés Emanuel Macron. Por supuesto, tampoco podemos dejar de lado al propio Morena, de Andrés Manuel López Obrador.

Todos estos partidos, construidos específicamente a partir de la personalidad de sus líderes, alteraron radicalmente el panorama político de sus países, compitiendo con los antiguos partidos institucionales, e incluso desplazándolos, lo que en consecuencia alienta a los liderazgos de nivel medio y local a negociar una elección a la vez con las diversas opciones partidistas.

¿Qué implica esto?

Que en estos tiempos partido ya no es destino, sino herramienta. Por lo tanto, las instituciones relativamente estáticas, que conocimos en el siglo XX, darán paso cada vez más a alianzas coyunturales y a movimientos construidos a partir de liderazgos específicos. El propio frente amplio, anunciado por el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano, es otro ejemplo de la nueva realidad. Sólo el tiempo dirá si el cambio fue para bien. 

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Gerardo Garibay

Católico en la fe y libertario en la política. Profesor universitario, escritor y analista político. Maestro en Política y Gestión Pública y licenciado en derecho por la Ibero León. Durante los últimos 13 años mis artículos han aparecido en medios impresos y electrónicos en varios países. Soy autor de dos libros: “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”. Creo en personas libres y mercados libres.

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