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Perros peregrinos y la incongruencia de nuestra creencia

Por: Miguel A. Guerrero


7 millones 196 mil 700 visitantes a La Villa en 2016, la cifra más alta de la cual se tiene registro. Muchas historias de sus protagonistas: recorrer varios kilómetros, caminar entre cerros, sortear los peligros de la carretera, pasar ayunos y esperar el turno para que, por fin, puedan entrar al recinto religioso, venerar a la imagen y refrendar sus principios católicos. Con la satisfacción del deber cumplido, van buscar ahora la manera de retorno después de un breve descanso, hallar cobijo y comer algo para el camino de vuelta.

FOTO: alternativo.mx

“Vengo de Huejotzingo, a demostrarle mi amor a la Morenita; camino por fe y cumplir mi promesa de ser buena persona”, “Atravesamos varios cerros para llegar desde San Juan del Río, pero ya estamos aquí como buenos creyentes para dar gracias y poner el ejemplo de amor que nos genera la Virgen”, “Es importante visitar a nuestra madrecita del Tepeyac, pues nos inspira a respetar a nuestro prójimo y en las buenas acciones de nuestra vida”, estos son algunos de los miles de testimonios de personas que llegan el 12 de diciembre de cada año a la Basílica de Guadalupe.

Sin embargo, en su andar no van solos, pues hay otros seres que van en la travesía: perros peregrinos que, sin ser movidos por la fe, los anima su convicción de ser esos fieles amigos al estar en las buenas y en las malas con nosotros.

Agotados, hambrientos, la lengua de fuera por la sed, con quemaduras en sus patas por el calor del asfalto, algunos cojeando por el largo trayecto de las caminatas y asustados entre los millones de personas que se dan cita en la Basílica, esa es la imagen de los perros que acompañan a peregrinos y, lo que resulta peor, no ven el reflejo del amor al prójimo, las promesas de buena voluntad o el deseo de una mejor conducta que mueve el acto de fe para llegar La Villa, pues una vez que se llega al destino, son abandonados y dejados a su suerte en un lugar que no es para nada familiar.

FOTO: sipse.com/

Entre un tumulto de gente, los perros peregrinos, después de padecer la incongruencia entre la creencia y el actuar de las personas que acompañaron a ver a la Virgen, enfrentan la búsqueda de comida para sobrevivir, sorteando los insultos que acostumbra nuestra sociedad contra los “perros callejeros”, librando la barbarie del maltrato de las personas que sienten la “amenaza” de un “perro sin dueño” o que buscan ejercer su poderío social soltando su mejor patada contra la panza del “perro hambriento”.

Son invisibles a los ojos de muchas personas y de las acciones de gobierno: no hay cenas que presumen gratuitas, tampoco cobijas o asistencia médica, por supuesto, no se les permite el acceso a la Iglesia, a pesar de ser la casa de todos los seres de la creación de Dios y, al igual que muchas personas, les valdría bien un refugio donde encontrar tranquilidad en medio de una multitud.

Diversas organizaciones protectoras de animales han alertado sobre este fenómeno de abandono de los perros peregrinos, pues año con año se repiten imágenes de ellos que andan desesperados buscando a las personas que acompañaron y, después de la efervescencia religiosa, sólo quedan perros en la explanada de la Basílica y sus alrededores sin el más mínimo de atención por parte de los operativos oficiales. A raíz de ello, se realizan acciones por parte de personas y organizaciones para rescatar a esos perros abandonados, que se calcula en 200, y ofrecerles un trato digno.

FOTO: sipse.com

La Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales se dio a la tarea de poner un albergue justo detrás de la Basílica de Guadalupe que, con personas voluntarias, ofrecen ayuda a los animales en la periferia y los llevan a ese espacio donde reciben refugio, alimentación, corte de pelo y servicio de esterilización para que después puedan encontrar un hogar a través de la adopción. Muestra de ello es Diego, un schnauzer negro que fue encontrado y será el primero de la también primera generación de perros peregrinos rescatados.

Los perros peregrinos no creen y no los mueva la fe en una religión, no rezan o cantan alabanzas, no hacen promesas de caminar o juramentos por cumplir, tan sólo confían en la buena voluntad de las personas. Son acompañantes de vida y de momentos, escuderos en todo instante en las carreteras y receptores de la poca comida y agua que hay en el camino. No saben de principios religiosos, tan sólo sienten y generan amor, no actúan bajo una guía divina, sino por el instinto de nobleza y bondad de ellos y que tanta falta hace en los humanos.

Son seres que sienten, al igual que esos perros que abandonan en las azoteas, que obligan a pelear, que avientan de los coches en las carreteras, que reciben las golpizas o abusos sexuales; son seres que depositan su confianza en nosotros y que somos tan insensibles de no percatarnos de ello.

FOTO: excelsior.com.mx

En los perros peregrinos mostramos, como sociedad, la incongruencia de nuestra creencia. Debemos ser más humanos y dejar de mostrarnos como animales, eso sí, sin sentido y sentimientos.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Miguel Guerrero

Es Licenciado y Maestro en Derecho por la UNAM en la vertiente de investigación filosófica. Candidato a Doctor en Derecho en la UNAM. Académico de Asignatura de Amparo en la Facultad de Derecho de la UNAM. Se ha desempeñado como servidor público en el Gobierno de la Ciudad de México en las delegaciones Coyoacán y Tlalpan. Asesor Parlamentario y Secretario Técnico en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y en la Cámara de Diputados, con trabajo profesional y académico enfocado al área de derechos humanos. Padre orgulloso de Moka y Hércules.

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