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¿Personas con discapacidad?

Por: Emiliano Oaxaca


La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder.

          José de San Martín”

Uno de los fenómenos que ha caracterizado a la humanidad es, indiscutiblemente, el de la discriminación, el de la repulsión hacia el distinto, la exclusión al que no nos funciona, la marginación del diferente por el simple hecho de serlo. Esta visión denigrante, ha logrado que nuestra concepción sobre el estar vivos y sobre la comunidad humana sea pragmática y utilitarista.

La discriminación que sufren las “personas con discapacidad” adquiere, en el memorándum público, especial importancia debido a su trascendencia política y condiciones particulares. En torno a esto, los Estados y los particulares, han logrado poner en macha diversas acciones que tratan de cambiar dicho paradigma social.

Imagen: eldia.com.do
Imagen: eldia.com.do

No obstante, el viaje es uno muy largo y extremadamente sinuoso, que puede desviarse en callejones sin salida y atajos falsos, y peor aún, si hemos partido con una premisa equivocada que aumenta el peso de nuestra maleta ideológica.

El término “personas con discapacidad”, es definido por la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, como:

Aquellas que tienen una deficiencia física, mental, intelectual o sensorial, que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.

Dicha definición ha sido ampliamente criticada por muchos adictos al progresismo político (solo porque esta de moda), en tanto que puede ser tan subjetiva y aplicable a toda persona, o en tanto que puede ser, por sí misma, discriminatoria y ajena al principio de identidad esencial del ser humano.

Sin embargo, me resulta extremadamente complicado criticar y destruir la construcción conceptual del término supra definido, ya que para ello, tendría la obligación ética de proponer otra menos lesiva y más concreta, hecho que me alejaría de los brazos de Morfeo por un largo tiempo.

La discriminación en general no es efecto exclusivo de una definición, sino que gira alrededor de una enorme cantidad de factores que, juntos y no separados, nos hunden en el mar de la exclusión.

El problema es que la ontología e identidad humana, se ha sometido al oportunismo pragmático, desechando lo que no sirve, conservando lo que sí. Lo anterior ha logrado que los “capaces” nos coloquemos, audazmente en un plano de superioridad integral que nos presupone, en comparación con las personas con discapacidad, como seres agudamente sobresalientes.

No hay afirmación más falsa que la anterior, pues dicha superioridad solamente se reduce a la capacidad de embonar a los intereses temporales y movedizos que la sociedad coloca como importantes. Duela cuanto duela, la verdad es que la distancia entre la capacidad y la discapacidad es la misma que existe entre lo que es útil y lo que no lo es.

Ahora bien, suponiendo sin aceptar dicha “superioridad” ¿por qué diablos no hacemos que las personas con discapacidad sean incluidas en todos los rubros sociales? ¿No somos tan capaces? O más bien ¿somos sólo capaces para lo que nos conviene?

La diversidad de la naturaleza humana es el hecho biológico más maravilloso, pero se ha tergiversado y supeditado para sobreponer, en todo aspecto, a los unos por encima de los otros.

Mi punto es, ¡si las personas con discapacidad no pueden participar de manera plena y efectiva en las actividades sociales, es porque los “capaces” no hemos querido que así sea!

 ¿Acaso nos llena de vergüenza que una persona con alguna deficiencia (que por cierto no conozco alguien que no la tenga) haga las mismas cosas que nosotros? Si somos tan superiores y tan capaces, por qué no hacemos que, los que a nuestros ojos no lo son, sean incluidos eficaz y plenamente en todos los rubros sociales.

Ha quedado demostrado que las personas con Síndrome de Down, las personas que carecen de alguna extremidad, los que perciben de manera distinta al mundo (“deficiencia sensorial”), en virtud de una verdadera adecuación del medio, pueden realizar las mismas actividades que las demás personas.

Imagen: elexpres.com
Imagen: elexpres.com

En este orden de ideas, si hablamos de “superioridad” y “capacidad”, el ajuste razonable de los medios sociales y el diseño universal de los productos y entornos, son los mejores y más exactos medidores, porque demuestran así, la voluntad y aptitud de entender la diversidad de la naturaleza humana.

En otras palabras, el adecuar los entornos y diseñar una sociedad que adopte a todas las formas de vida humana, en el entendido que entre ellas no existe más diferencia que la propia exclusión, significa un verdadero entendimiento de nuestra ontología y del principio de identidad esencial.

Lo anterior no puede cambiar exclusivamente con una mejor construcción del concepto de “persona con discapacidad”, sino que implica un verdadero golpe de realidad. Tan es así que son los excluidos, los que adquieren con mayor facilidad, conciencia del verdadero hecho de nuestra diferencias naturales.

Hemos señalado como “personas con discapacidad” (o cualquiera que sea el término que más le agrade) a los que conforman la diversidad humana por antonomasia, cuando realmente las personas que no tenemos la capacidad para comprender la alteridad de la vida somos nosotros.

No hay más o menos, mejor o peor, bueno o malo, esas son cuestiones meramente ideales, sociales, temporales y geográficamente válidas. En el plano material, solamente se es, solamente se existe, y dicha existencia adquiere múltiples formas y diversas maneras. ¿Qué tan difícil es aceptar ésta diferencia?

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Emiliano Oaxaca

Estudiante de Derecho en la Universidad La Salle, he laborado en el área de derecho energético, notarial y constitucional. Mexicano por parte de mi padre, italiano por parte de mi madre; miembro vitalicio del grupo de los que dudan de todo, sabinero de corazón, crítico en esencia y competitivo en lo accidental. “Güey” en potencia.

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