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¿Por qué soy feminista?

Por: Kathia Elisa García



“No se nace mujer, se llega a serlo.” Simone de Beauvoir.

Lo siguiente, es la historia de una mujer feminista.

Nací mujer en una sociedad machista, por lo que muchas cosas no han sido fáciles desde el principio. Desde lo más remoto que puedo recordar, los roles de los niños y las niñas estaban definidos y salirse de ellos, causaba que los dedos índices de muchas personas te señalaran como un problema.

FOTO: emaze.com
IMAGEN: emaze.com

Específicamente, llegué a este mundo 37 años después de que las mujeres obtuvieran su derecho al voto en mi país. Si debe considerarse como mucho o poco tiempo, es cuestión de la interpretación de cada quien, sin embargo, esta pequeña victoria en la historia del feminismo, es tan sólo la punta de un iceberg que se oculta en un profundo y oscuro océano. Desde niña, lo supe. No me refiero al saber histórico ni a la reflexión compleja acerca de los problemas de ser mujer en una sociedad como la nuestra, sino al hecho de que ser una mujer que se saliera de los estereotipos, sería muy complicado, pero era una decisión de la que yo estaba segura. Preferí encarar los estigmas, aunque en ocasiones fuera duro; sabía que sería peor forzarme a vivir de una manera en la que nunca me hallé: sumisa, crédula, conformista, abnegada…Decidí ser lo que yo quería y no, lo que a los otros les placía.

Siempre rompí con los típicos estereotipos: odiaba las muñecas, los vestidos, el color rosa, las películas en las que las princesas siempre esperaban a ser rescatadas, jugar a la casita, a la mamá, a maquillarme y los calcetines con olanes. Amaba jugar fútbol, usar pantalones, jugar con carritos, el color azul, andar en bicicleta, brincar en los charcos después de la lluvia para ensuciarme de lodo, jugar videojuegos, ver caricaturas de súper héroes y usar tenis antes que zapatos. ¿Dónde estuvo lo difícil? En todas y cada una de las cosas. No me gustaba –hacer cosas de niñas– y cuando por azar, convivía con ellas, no me aceptaban del todo porque “era rara” por lo que prácticamente, no tenía amigas. Por otro lado, me gustaba –hacer cosas de niños– pero ellos no siempre me incluían. Me marginaban porque “era rara”. No encajaba con lo que les habían enseñado.

Desde entonces, no he desistido de mi elección. Al paso del tiempo he encontrado las respuestas a algunas preguntas. He comprendido que para muchos, es natural reaccionar con miedo y repulsión hacia lo desconocido. Sociológicamente hablando: rechazo al otro porque es ajeno a mis categorías de pensamiento. No obstante, la fortuna no sólo ha sido en forma de conocimiento y comprensión de mi entorno, sino también la serendipia de coincidir con otras personas, que al igual que yo, decidieron romper con los estereotipos.

IMAGEN: quo.es
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Actualmente, me enfrento con otro tipo de problemas. Comprendí que hay muchísimas formas en las que las mujeres somos afectadas y que, las peores, terminan con una mujer que se convierte en ausencia, en recuerdo. He observado que aún hay muchísimas victorias por alcanzar e incluso, muchas más de nosotras ansiosas por alcanzar las metas pero, lamentablemente, deben ahogar sus bríos por estar amenazadas o chantajeadas con algo.

El feminismo contemporáneo se debate ante un monstruo como Hidra: estigmas, estereotipos, ignorancia, discriminación, intimidación, feminicidio, violación y, a pesar de todos ellos, la pelea no cesa. Muchas mujeres se confrontan a una o varias de estas batallas y, cada que alguna de ellas logra una pequeña victoria, todas estamos un paso más cerca de la equidad y la justicia.

La historia que describí, no es enteramente mía ya que, estoy segura de que más de una, se sentirá identificada. Me parece fundamental resaltar algo: puede haber tantas historias de violencia hacia la mujer como sean posibles, sin embargo, todas ellas se funden en una misma voz que no se cansa de decir, “ya basta”. Desde la niña que se aferra a ser diferente de las demás, la mujer que gana menos que su homólogo hombre, la que dice “no” a los típicos roles y rompe paradigmas, la que se arma de valor y no espera a ser rescatada por un príncipe, la que no depende de un hombre que le pague todo, la que saca todas sus fuerzas para recuperarse después de una agresión, la que exige que todas las niñas de su país tengan acceso a la educación y, aún después de haber recibido una bala a cambio, deja el miedo de lado y sigue avanzando.

El ocho de marzo se debe hacer hincapié en esto último. El día internacional de la mujer no es una celebración, sino un momento para reflexionar, conmemorar y recordar la lucha que se libra día con día. Es el momento perfecto para hacer un balance, ver lo que se ha ganado, lo que es prioritario y lo que está cercano. Como feministas también debemos ser responsables y cuestionarnos, para no caer en la paradoja de pugnar por nuestros derechos lacerando los del otro.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Kathia Elisa García

Licenciada en sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es asistente de investigación en la misma institución y las líneas de investigación en las que trabaja se enfocan en la etnoarqueología, violencia entre jóvenes, procesos de exclusión y discriminación, identidad, etnografía y antropología.

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