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Referencias culturales emblemáticas de series animadas de ayer y hoy

Por Delia Bolaños


Remontarse a las tiernas aventuras y vivencias de la infancia mexicana es recordar las mensas riñas con los hermanos que duraban tan sólo cinco minutos y terminaban con un fuerte abrazo, los deliciosos raspados de sabores artificiales y los compartidos chicharrones preparados que vendían a las afueras de las escuelas, las maquinitas tragamonedas con videojuegos de moda de la tiendita de la esquina, los partidos de balompié con un bote oxidado de latón como balón y las caricaturas animadas de la televisión abierta o de sistema de pago. Éstas últimas marcaron un verdadero hito en el consumo cultural de nuestro país, no solamente por el evidente factor de entretenimiento y ocio que significaron para varias generaciones de niños, sino además por la apertura artístico-cultural hacia otras culturas y formas de ver el mundo.

Fuente: Youtube/Netflix
Fuente: Youtube/Netflix

Muchas son las cosas que se han dicho y se pueden seguir diciendo del cartoon anglosajón y del anime asiático, pero aquí me gustaría, querido lector, tratar un curioso tema que ha incidido de manera generalizada desde nuestra niñez y sigue haciendo gran eco en nuestra edad adulta (como consecuencia del emergente y accesible consumo multimedia vía web y diversas apps móviles): las referencias artístico-culturales visuales en las emblemáticas caricaturas o series animadas estadounidenses. Como un complejo y cambiante ensamble de elementos temáticos que componen y definen el entorno e imaginario social, el rol de la referencia o referente cultural es el de transmitir comunicativamente patrones específicos de particularidad que caracterizan a un sector poblacional específico (componentes de la llamada cultura general), así como hacer del condensado elemento comunicado un valor de traducción/aprendizaje que se asimila de una forma mucho desmenuzada.

A lo largo de más de cincuenta años y varias generaciones de públicos, en Looney Tunes de Warner Brothers, The Simpsons de Fox Broadcasting Studio y BoJack Horseman de Netflix se ha hecho uso de los referentes musicales, literarios y pictóricos más famosos de la cultura universal para hacer mella o burla del esnobismo que pulula en los altos círculos académicos y/o culturales de la antropocentrista sociedad occidental, ya que fuera de reforzar esos patrones de exclusividad y excluyentismo propios del complicado discurso “intelectualoide”, proporciona divertidas puntadas cómicas que se transforman en descargas de curiosidad en el televidente o internauta (quien eventualmente descubrirá e investigará por cuenta propia, la procedencia del referente presentado dentro del discurso audiovisual). Para ejemplos de esto, quisiera citar miles, pero a falta de espacio, por el momento, tan sólo les dejo mis referencias favoritas de cada caricatura animada mencionada.

La primera, insignia de la infancia de al menos tres generaciones latinas, ha hecho grandes parodias de grandes obras maestras de la música instrumental como la ópera bufa El Barbero de Sevilla de Gioacchino Rossini (Rabbit of Seville, 16 de diciembre de 1950: el rey de los reyes “trolleo” baila solemne sobre la cabeza del cazador Elmer Gruñón), la mil veces catedrática tetralogía del Anillo del Nibelungo de Richard Wagner (What’s opera, Doc?, 6 de junio de 1957: Bugs Bunny figura como el amo y señor del travestismo al traer al personaje de la valquiria Brunilda al escenario) o la bella Rapsodia Húngara nº2 de Franz Liszt (Rhapsody in Rivets, 6 de diciembre de 1941, de la mini serie Merrie Melodies que ya tenía como objetivo el echar mano de la música clásica para divertir a los niños).

La segunda, aunque muchas veces ha sido catalogada como serie sosa, burda, repetitiva y poco culta, el claro ejemplo de que el humor negro fino es el mejor recurso de la sátira intelectual es la mini serie Three House of Horror dentro The Simpsons (especial de Halloween que lleva 26 especiales de otoño al aire a la fecha). En ella han figurado creativos homenajes a maestros de la literatura anglosajona romántica como es el caso del oscuro bostoniano Edgar Allan Poe (The Raven, temporada 2, episodio 3: el resonante “nunca más” del tétrico cuervo negro toma vida en la voz del irreverente Bartolomeo), el irlandés Abraham “Bram” Stocker (Bart Simpson’s Dracula, temporada 5, episodio 4: el temible Mr. Burns encarna al clásico monstruo Nosferatu, al que por cierto, también diese vida el grandioso Gary Oldman en la versión cinematográfica de Francis Ford Coppola) o la londinense Mary Shelley (Frinkentein, temporada 14, episodio 15: el prometeico personaje de la misteriosa novelista británica se convierte en un demoniaco monstruo necrófago que busca el conocimiento absoluto).

La tercera y última (la única que nació con el afán de criticar absoluta y abiertamente al voraz mundo de la farándula estadounidense/hollywoodense y sus absurdos excesos), aunque hace referencias mucho más sutiles que en los dos casos anteriormente citados, es una exitosa serie que hace uso constante de obras de arte famosas, las cuales circundan alrededor de un rarísimo universo animal antropomorfizado. La más evidente de ellas está en el teaser de cada temporada: una irónica emulación del emblemático díptico serigrafiado Marilyn Monroe (Andy Warhol, 1962) aparece detrás de un BoJack con una fuerte resaca (véanse las herraduras de colores). Otro gran ejemplo, es la curiosa colección de cuadros de Jean-Michel Basquiat (Six Crimme, 1982) que el personaje de Herb Kazzaz tiene exhibidos en su oficina. En That’s too much men (temporada 2 episodio 11), se recrea una versión bastante personalizada de la Ophelia (1852) de John Millais (una profunda referencia al vacío existencial y la crisis de identidad del drogadicto y/o alcohólico promedio).

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Delia Bolaños

Maestra en Historia del Arte y Patrimonio por la Universidad de Burdeos y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Especialista en arte moderno y contemporáneo, asesora de difusión y comunicación cultural y amante del arte urbano. Escritora de tanto en tanto, melómana, lectora empedernida y hermeneuta. Orgullosamente mexicana y apasionada ciudadana del mundo. Cazadora gastronómica y fotógrafa profesional.

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