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Restaurante Limosneros

Por Beatriz Cabrera


El centro histórico de la Ciudad de México es uno de los lugares más bellos de nuestra metrópoli. Lo digo no solo por sus vívidas calles y sus hermosos edificios coloniales, sino también por la rica historia que lo abraza y que retumba en cada uno de sus rincones.

Pensar en la catedral más importante de la época virreinal de la Nueva España construida sobre el templo mayor de la cultura mesoamericana más importante de la época prehispánica, sin duda nos habla de energía pura que circunscribe en un mismo epicentro. Tláloc y Cuatlicue convergen en espacio con Jesucristo y María, la fuerza del lugar no creo que esté en duda.

A un lado el Palacio Nacional, la casa del poder de poderes en México. Historias de traición y conquista, historias de cama, historias de cambios revolucionarios e historias míticas rodean a este hermoso recinto capaz de postrarse imponente ante cualquier mortal que lo contemple.

Junto a la Suprema Corte de Justicia, el monumento al tótem azteca. El águila solar con su plumaje exquisito devorando a la serpiente sobre el firme nopal que nos recuerdan nuestro origen azteca y la fundación de la gran Tenochtitlán.

Podría seguir enunciando edificios históricos y monumentos auténticos, pero el espacio es gastronómico y, para nuestra buena fortuna, el centro histórico también cuenta con una historia rica en artes culinarias con varios lugares que definitivamente no nos podemos perder. En esta ocasión quiero compartirles mi experiencia en uno gran expositor de la comida mexicana: Limosneros.

Fuente: Beatriz Cabrera
Fuente: Beatriz Cabrera

Perteneciente al grupo restaurantero del Café Tacuba y liderado por los chefs Marcos Fulcheri y Carlo Meléndez, Limosneros está ubicado en la calle de Allende en una casona del siglo XVI de donde el restaurante toma su nombre, pues dicha construcción está hecha de “muros limosneros”, aquellas paredes de edificaciones no religiosas hechas con los donativos o limosnas del pueblo. Los 4 siglos de historia que abrazan al recinto se reflejan en sus paredes y en su rica decoración mexicana, auténtica, elegante y precisa que atrapa a todos los comensales desde la entrada hasta la mesa.

Antes de llegar a la zona de mesas, el restaurante cuenta con una boutique de productos mexicanos que cautiva a todos los que entramos y que, al finalizar la comida, hace que necesariamente uno curiosee y hasta termine con algo para casa (un rico vino por ejemplo).

Al arribar, fuimos recibidos con una tostadita de carne de res, coqueto detalle para abrir el apetito.  Posteriormente decidimos pedir varias entradas al centro, todas ellas diferentes y deliciosas.

Fuente: Beatriz Cabrera
Fuente: Beatriz Cabrera

Escamoles acompañados de epazote, ayocote, humo de canela y frijoles, con su respectivo guacamole para hacer unos ricos taquitos siempre agradecidos por el estómago tragón.

Fuente: Beatriz Cabrera
Fuente: Beatriz Cabrera

Tlacoyos de haba con requesón y chinicuiles, delicioso pedacito de masa acompañado de unos de los insectos más ricos de México, con su sabor único y su crujiente textura. Para los que somos amantes de los “bichitos”, esto es una delicia.

Fuente: Beatriz Cabrera
Fuente: Beatriz Cabrera

Croquetas oaxaqueñas de tasajo y chorizo, con alolí de cilantro y salsa de árbol, con textura gentil y sabor intenso, que al mezclarse con la salsa, daban al paladar una necesidad de comer más. Un rico bocado para compartir.

Fuente: Beatriz Cabrera
Fuente: Beatriz Cabrera

Mi plato fuerte fue un pastel azteca de cordero con rajas con crema y elote y quesillo derretido, un clásico mexicano con una presentación alegre, una cocción perfecta con la fundición del queso por todo el pastel y un sabor auténticamente nacional donde el cordero sin duda fue el gran protagonista.

Fuente: Beatriz Cabrera
Fuente: Beatriz Cabrera

El postre fue una chocolatiza (helado de chocolate y cardamomo, financier y espuma de chocolate), chocolatosamente maravilloso, cremosos y fuertes, cada bocado era un festín.

Fuente: Beatriz Cabrera
Fuente: Beatriz Cabrera

Todo ello lo acompañé con un par de cocteles mezcaleros: una piñata (piña tatemada, membrillo, gardenia, pox y mezcal) y un canalla (mezcal, tamarindo, chile ancho y cacahuate). Cada cual con su toque dado por la fruta que lo componía, pero ambos frescos y fuertes.

Es de referirse el servicio del restaurante. Pensando en los detalles y su ubicación, el personal es por demás atento, servicial, bilingüe y siempre pendiente de cada asistente, generando con ello un ambiente cálido y amable.

No dejen la oportunidad de enamorarse de Limosneros una vez que anden por el Centro de nuestra Ciudad de México. El momento que pasen ahí seguramente será algo digno de recordar.

¡Buen Provecho!

Amante del Buen Comer®

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Beatriz Cabrera

Mujer con todo lo que implica, scrapbooking fan, florista de clóset, abogada en horas laborales, amante del buen comer, defensora del amor, fashionista, musical, viajera, coleccionista de recuerdos, madre de dos tortugas y orgullosamente mexicana.

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