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Restaurante: Makoto

Por: Beatriz Cabrera


Hay culturas que sorprenden, hay historias que inspiran, hay gastronomías que cautivan, hay países que enamoran. Japón reúne todas y cada una de ellas. Su disciplina, su calidez, su perfección y su atención, su bagaje cultural y su unicidad, la capacidad de recuperarse de una de las guerras más cruentas y hoy ser potencia mundial además de uno de los destinos predilectos de millones de turistas, habla por sí solo de lo que representan para la orbe.

Con esa misma capacidad es que Japón se proyecta fuera de sus fronteras isleñas para regalarnos a los continentales un pedacito de su historia, en este particular caso, servida en platos. La cocina japonesa es una de las más influyentes en México, incluso diría que solo por debajo de la Italiana y tal vez de la Francesa.

Con el ánimo listo para una cena ligera pero rebosante, mi chefcita y yo visitamos Makoto[1]. Ubicado en una de las esquinas más privilegiadas de la Ciudad de México (Reforma y Campos Elíseos), Makoto se ubica en un segundo piso que además de contar con una bella vista de la Avenida, recibe a sus comensales en un ambiente sofisticado pero relajado, chic y amable, capaz de arropar a una pareja enamorada, a un grupo de amigos o a socios de negocios.

De las filas del aclamado Chef Masaharu Morimoto[2] (cuyo restaurante en México también se encuentra en Polanco dentro del Hotel Camino Real), el Chef Makoto Okuwa presenta una propuesta innovadora, vanguardista y sofisticada a la vez de que respeta sus orígenes Edomae-sushi[3]. Con una carta que ofrece platos fríos y calientes, así como los clásicos japoneses, las posibilidades de sabores son numerosas.

Iniciamos la cena con unos tradicionales edamames al vapor. De buen tamaño y cocción atinada abrieron el apetito.

Antes de hablar del resto de los platos, tengo que referir necesariamente que una de las cosas que más me gustó del lugar fue su capacidad de transmitir en los olores toda la fuerza de los platillos. No hubo momento en el que no llegara un plato y necesariamente se impregnara nuestro olfato de todo el sabor del mismo, una experiencia no común y que definitivamente hacen que la experiencia valga toda la pena. El olfato es un gran aliado de esta digna cocina.

Posteriormente llegaron a la mesa unas gyozas de carne wagyu con salsa de ponzu ahumada. Espectaculares desde su anticipo con su aroma penetrante, hasta el último bocado de carne fuerte arropada por la salsa dulce que la acompañaba.

Foto: Beatriz Cabrera
Foto: Beatriz Cabrera

Mi primer plato fueron unas coles de Bruselas crujientes con salsa kimchi. Desde su presentación, pasando por su olor y su textura crujiente, de la mano de un penetrante y rico sabor, las coles permitieron preparar el estómago para el gran principal.

Foto: Beatriz Cabrera
Foto: Beatriz Cabrera

El plato fuerte fue compartido a recomendación de nuestro mesero (los platos son bastante abundantes precisamente para ponerlos al centro). Un rissotto japonés con hongos, vegetales japoneses y mantequilla de trufa fue el seleccionado. Después de una cocción a fuego lento de 30 minutos en la cocina del lugar, el mesero presenta una pequeña olla cubierta que todavía expele vapor y calor. Al abrirla, el aroma envuelve a toda la mesa y gratificantemente avisa del manjar que uno va a degustar. La sensibilidad de los vegetales envueltos en la fortaleza de la mantequilla atrufada, todos ellos componentes de un bien logrado rissotto, permitieron disfrutar hasta el último granito. Definitivamente una gran aventura gastronómica.

Pero como ustedes saben, para mí un buen festín no puede cerrar sin la presencia del postre. En esta ocasión pedimos dos al centro. El primero fue un lava matcha, fondant de matcha, con centro yuzu miso y helado de vainilla, esponjocito, con su sabor peculiar y buena consistencia.

Foto: Beatriz Cabrera
Foto: Beatriz Cabrera

El segundo fue mi predilecto, el choco bar, una deliciosa barra de crocante de chocolate con cacahuate, acompañada de cremoso de chocolate y caramelo decorado con laminas de chocolate amargo y hojas de oro cuyo complemento fue un helado de café. Definitivamente me cautivó hasta el último hueso con su dulzor excelso, su fuerza y su calidez. Postre que no se pueden perder.

Foto: Beatriz Cabrera
Foto: Beatriz Cabrera

Tengo la certeza de que cuando los lugares son visitados por personas del país de origen de los platillos es porque vale la pena y esta ocasión no fue la excepción. Así que déjense envolver por los sabores y la calidez de Makoto, les garantizo que la experiencia valdrá toda la pena.

¡Buen Provecho!

Amante del Buen Comer®

Twitter del restaurante

@MakotoPolanco

[1] http://makoto.com.mx/

[2] http://www.morimotomexicocity.com/es/index.html@p=biografia.html

[3] http://sushischool.jp/what-is-edomae-sushi/

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Beatriz Cabrera

Mujer con todo lo que implica, scrapbooking fan, florista de clóset, abogada en horas laborales, amante del buen comer, defensora del amor, fashionista, musical, viajera, coleccionista de recuerdos, madre de dos tortugas y orgullosamente mexicana.

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