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¿Se puede votar únicamente con la razón?

Por: Manuel Bazan Cruz



Nos piden no votar enojados, que lo hagamos con la razón, como si pudiéramos ordenar a nuestro cerebro que deje a un lado los sentimientos y se dedique a analizar frívolamente el destino de nuestra vida.

Esa petición corresponde a un arranque despiadado de quienes temen no llegar a la silla presidencial y, recientemente, de algunos grupos empresariales que intentan proteger sus intereses económicos; sin embargo, resulta inhumana y ofensiva esa petición para una sociedad dolida, angustiada, despavorida y desesperada por un cambio político que signifique la solución a tantos problemas que envuelven la cotidianidad de millones de personas.

Es aberrante dejar a un lado los sentimientos generalizados que las cúpulas de poder han propiciado. ¿Cómo puede lograrlo una persona que ha visto morir frente a sus ojos a un ser querido como víctima de la delincuencia organizada o del fuego cruzado? ¿cómo lo hace un padre desesperado porque tiene un hijo o hija desaparecida? ¿cómo logra hacerlo una madre con un salario que no le alcanza a cubrir los gastos de su hogar? ¿cómo ser indiferente ante las percepciones exorbitantes de algunos funcionarios frente al salario mínimo? ¿cómo hacer a un lado el estrés que genera el esfuerzo de algunos padres y madres de familia para pagar las colegiaturas escolares?

Definitivamente no, no es posible.

Y de manera colectiva, nuestro cerebro no puede olvidar la sensación que produce el desplazamiento de comunidades indígenas del estado de Chiapas por las empresas de producción; los miles de desaparecidos a los largo y ancho del país; el asesinato de periodistas en el ejercicio de su deber; las personas caídas durante la travesía hacia los Estados Unidos; las ofensas recibidas por el presidente de aquel país; o la manera en que cientos de familias se quedaron sin hogar después de los sismos de 2017 y que aún no han encontrado una respuesta del gobierno.

Fuente: La Silla Rota
Fuente: La Silla Rota

No existe manera de contener el sentir que deriva del estilo de vida al que nos han orillado quienes dirigen las instituciones gubernamentales, y es que una sociedad busca la felicidad que produce el bienestar humano, esa felicidad que según Nietzsche:

“Es el sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia ha sido superada”.

Luego entonces, como nos sentimos, resulta trascendente para destinar nuestro voto a alguna de las opciones que contienden para ocupar uno de los 3 mil 400 cargos de representación popular.

Es cierto que a veces algunos sentimientos como el enojo o la ira pueden nublar nuestra mente, y como dice el dicho popular “el que se enoja pierde”, en tales circunstancias por supuesto que se aprecia un resultado negativo de tal sentimiento, al grado de tomar decisiones erronas que podrían conllevar al arrepentimiento y al flagelo de la conciencia; sin embargo, por lo que hace a la emisión del voto, los sentimientos que generaron las decisiones públicas adoptadas en un lugar y tiempo específico, constituyen un valor que se debe tomar en consideración para determinar lo que deseamos para nuestra vida y la de nuestros seres queridos en el futuro. De hecho, la ira se convierte en una especie de alerta respecto de lo que ya no queremos.

Por lo tanto, tal y como ocurre cuando recibimos un mal servicio, donde el enojo que se produce conlleva a un castigo; es decir, a cambiar de compañía o proveedor, así sucede con nuestros representantes populares, si su trabajo nos inculcó sentimientos negativos que inhiben la felicidad deseada, debemos tomarlos en cuenta para castigar y decidir por una alternativa diferente.

Fuente: ITESO
Fuente: ITESO

En suma, cuando las afecciones sociales se endogenizan hasta alcanzar la intimidad de los hogares y repercuten en las relaciones privadas, no es posible separar los sentimientos que invaden nuestro ser para tomar una decisión sobre el pretendido bienestar; o bien, para alcanzar la felicidad de una sociedad considerablemente oprimida.

Dejar a un lado el enojo que nos envuelve, es alejarnos de nuestra humanidad y que seamos indiferentes a nuestra dignidad.  

Manuel Bazan Cruz es colaborador de Integridad Ciudadana, A.C., Especialización en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales (mención especial UDG), Especialista en Derecho de la Información (mención honorífica UNAM). Licenciado en Derecho (UNAM). Temas de interés: Derechos humanos, democracia, América Latina y El Caribe, grupos vulnerables, desigualdad, derecho a la información, transparencia, rendición de cuentas, anticorrupción, libertad de expresión, datos personales, etc. Twitter: @bazancruzz Facebook: Manuel Bazancruz

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Integridad Ciudadana A.C.

Asociación no lucrativa, independiente, sin afiliación partidista, que se creó en 2008 por un conjunto de profesionistas provenientes de diferentes disciplinas, y cuyo objetivo es impulsar la participación ciudadana, la investigación, la divulgación, la docencia, la elaboración de propuestas de políticas públicas, así como fomentar la cultura de la legalidad, la transparencia, la corresponsabilidad, la rendición de cuentas y la anticorrupción.

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