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Seguridad Interior o cómo perpetuar el fracaso

Por: Fernando Belaunzarán



El sentido común nos lleva a insistir en lo que sirve y corregir lo que no funciona. Por eso parece mentira que estén empecinados en continuar con la estrategia de escalamiento militar para enfrentar al narco, cuyos resultados han sido funestos. Cuando comenzó, en 2006, había una tasa de 8 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes y 11 años después tenemos 24 ¡se multiplicó por tres! La Ley de Seguridad Interior institucionaliza la guerra, pues además del marco legal para el uso de militares en labores de policía, establece todos los incentivos para seguir igual y perpetuar el fracaso.

El Congreso no tiene facultades para legislar en materia de “Seguridad Interior”, pero en esta ocasión no quiero centrarme en su inconstitucionalidad sino en su inconveniencia. Es verdad que la ausencia de policías capacitadas y confiables hace que por el momento no se pueda prescindir del ejército en ciertos lugares del país, pero la LSI hace de la necesidad virtud y lejos de atender las consecuencias no deseadas que ha traído la militarización, las alienta. Por eso su aprobación es un despropósito monumental.

Foto: "Mexico Guerra Contra El Narcotrafico"/ Youtube.com
Foto: “Mexico Guerra Contra El Narcotrafico”/ Youtube.com

Que los estados y municipios sufraguen los gastos de la movilización militar con transferencias de recursos a las Secretarías de Defensa y Marina generará intereses económicos para mantener a los soldados y marinos en las calles. Que sus operativos se hagan en la opacidad, pues su información será catalogada como de “seguridad nacional”, dificulta la documentación de abusos y violaciones a DDHH que han sido constantes en su actuación, pues como ellos mismos reconocen no están preparados para suplir a los policías. Tales comodidades no sirven para favorecer el regreso paulatino de los soldados a sus cuarteles sino, al contrario, contribuyen a que se eternicen supliendo a los policías.

Hay un consenso explícito de que la solución pasa por la formación, profesionalización y capacitación de policías civiles que permitan a los militares regresar a sus funciones legales, pero los gobiernos tampoco tienen incentivos para hacerlo. A pesar de que la evidencia demuestra que la intervención de las fuerzas armadas ha incrementado la violencia, la zozobra que padecen muchas poblaciones hace que muchos ciudadanos la aplaudan, de tal suerte que llega a resultar popular.

Por lo anterior, a los gobernantes les resulta sencillo olvidarse de formar policías y encargarle al ejército la seguridad pública -aunque le llamen “interior” para simular legalidad; y la violencia que no deja de crecer, no solo los vuelve aún más dependientes de las instituciones castrenses, hace que buena parte de la sociedad insista en que se mantenga su presencia porque no encuentran otro asidero. Un pernicioso círculo vicioso de terribles consecuencias.

Con menos controles civiles y mayor opacidad no habrá rendición de cuentas y las violaciones a DDHH seguirán sucediéndose, en medio de una incontenible espiral de violencia que no tendrá fin con la misma estrategia fallida que lleva poco más de una década y que nos ha puesto -según cifras de muertos, desaparecidos y desplazados- en condiciones propias de una guerra civil.

Si queremos ir a fondo del problema, en lugar de normalizar lo que debiera ser excepción y como tal regularse, debiéramos plantear en serio el cambio en política de drogas. Demasiados costos humanos, económicos e institucionales hemos pagado para darnos cuenta al final del día que la producción, tráfico y consumo de estupefacientes siguen aumentando, es decir, tanto para nada o, peor aún, para estar cada vez peor. Es apremiante abandonar las políticas amarradas a prejuicios y legislar con base en la evidencia. Literalmente, nos va la vida en ello.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Fernando Belaunzarán

Licenciado en Filosofía con Mención Honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue Consejero Universitario líder estudiantil del Consejo Estudiantil Universitario. Ex diputado federal de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, en la cual ocupó el cargo de Secretario de la Junta Directiva de la Comisión de Gobernación. Es Presidente del Grupo Organizador del Foro Internacional de Política de Drogas y es autor de los libros: "Tiempos Turbulentos", "Herejías políticas en momentos decisivos", "La Guerra de los Herejes" y "Herejía, Crítica y Parresía".

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