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Seguridad sin guerra

Por: Bryan Lechuga



Nuestro país padece niveles de violencia sin precedentes. Como lo revelan las estadísticas la tasa nacional de homicidios y delitos de alto impacto se ha incrementado considerablemente y a pesar de las estrategias de paz y prevención social de la violencia y la delincuencia emprendidas por la actual administración federal.

El discurso oficialista se ha vuelto un lugar común: los homicidios provienen de cárteles peleando contra otros cárteles; las muertes son el producto de la confrontación entre delincuentes; la violencia es resultado de una estrategia exitosa no de una intervención ineficaz.

Foto: Nicolas Corona en su ensayo sobre economía de la violencia y criminalidad en México, 2014.
Foto: Nicolas Corona en su ensayo sobre economía de la violencia y criminalidad en México, 2014.

Se nos dice que México es un país más violento porque el sistema penal actual, concede prerrogativas y privilegios a los criminales. Y entonces, según la estrategia gubernamental, la violencia se vuelve aceptable, justificable, una consecuencia de sentido común.

El aumento de la violencia e inseguridad se convierte en validación más que preocupación. Más muertos, más éxito. Más interdicciones, más disrupciones. La violencia es vendida como un fenómeno coyuntural, que disminuirá cuando los narcotraficantes hayan terminado de matarse entre sí. La violencia es presentada como ingrediente indispensable de una ofensiva militar diseñada para sacudir el balance de poder dentro de los núcleos del crimen organizado y obligarlos a pelear para mantener su propio territorio o adueñarse del mercado de sus rivales.

Pero, y ¿si la violencia no es una causa de la estrategia del gobierno sino su efecto? Y ¿si la violencia es usada no sólo por narcotraficantes sino también por otros grupos armados que recurren a ella para defender lo que creen que es suyo ante el desmoronamiento de la autoridad? Y ¿si la transexenal guerra contra el narcotráfico fuera el contexto, pero no la explicación? Y ¿si la violencia no fuera muestra de poder del Estado sino evidencia de su mala imposición?

Tal y como arrojan diversos diagnósticos sobre el tema, la violencia en la última década está concentrada en algunos estados y en algunos municipios de esos estados. Allí se dan la mayoría de los homicidios vinculados al crimen organizado. Pero curiosamente la geografía de la violencia no coincide con la ruta del narcotráfico y los muertos no son sólo quienes viven y se enriquecen con él. En todo el país, la violencia tiene una explicación distinta a la versión del gobierno; posee una lógica diferente a la narrativa gubernamental.

Foto: Nicolas Corona en su ensayo sobre economía de la violencia y criminalidad en México, 2014.
Foto: Nicolas Corona en su ensayo sobre economía de la violencia y criminalidad en México, 2014.

La realidad que vive el país es preocupante y alarmante. En diversos estados la tasa de homicidios se dispara a partir de la fecha del despliegue del Ejército y las fuerzas federales. El arribo de tropas no reduce la violencia, al contrario, parece llevar a su aumento. La ley de seguridad interior que se nos presenta como solución está lejos de serlo.

La iniciativa señala la posibilidad de que el presidente de la República pueda hacer uso de la totalidad de las Fuerzas Armadas que están integradas por el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea para hacer frente a fenómenos que impacten al orden interno. Dicha ley define que la Seguridad Interior tiene como objetivo esencial “garantizar la condición de paz que permita salvaguardar la continuidad de las instituciones y el desarrollo nacional, mediante el mantenimiento del Estado de derecho y la gobernabilidad democrática en beneficio de la población”.

Nos encontramos frente a la amenaza de sacrificar la paz social en la búsqueda de la anhelada seguridad. Dicha ley no se puede ver ni considerar de otra manera porque si el gobierno o el presidente Peña quisiera acabar con el crimen organizado, la corrupción o el narcotráfico, si quisiera terminar con la impunidad y establecer la paz social, lo que requiere es voluntad política para aplicar la ley contra propios y extraños, no contra la población que ha sido víctima de todos estos vicios convertidos en virtudes de poder.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Bryan Lechuga

Abogado, asesor y analista político, con estudios de posgrado en la UNAM. Ha ocupado diversos cargos en la administración pública de la Ciudad de México, espacios donde ha promovido la incorporación de conocimientos e ideas que permitan el desarrollo de políticas públicas más eficientes.

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