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Sobre la brutalización del uso de la fuerza y la política

Por: Fausto Carbajal


La semana pasada, el Presidente de la República Enrique Peña Nieto, dijo lo siguiente:

Hay quienes afirman que la violencia no se combate con violencia, es claro que confunden violencia con el uso legítimo de la fuerza para defender a una población inerme ante un agresor que no entiende razones y menos de leyes. (…) No cederemos ante la amenaza de quienes lastiman a la sociedad, no bajaremos la guardia frente a quienes atentan contra la seguridad de las familias (…)”.[1]

Foto: wola.org
Foto: wola.org

En primera instancia, cualquier ciudadano promedio podría estar de acuerdo con esas declaraciones: ¿quién podría oponerse a que se defienda, por ejemplo, a las familias michoacanas que en los últimos días han sido asoladas por la inseguridad y la violencia a manos de la delincuencia organizada? Utilizada en este contexto, la expresión “el uso legítimo de la fuerza” adquiere sentido. No obstante, aspectos como el índice de letalidad por enfrentamientos entre civiles y cuerpos de seguridad[2] nos recuerdan lo siguiente: hay algo en cómo se está usando la fuerza para combatir a la delincuencia organizada que no está funcionando, por más legítima que sea.

Stanley McChrystal[3] suele hacer un ejercicio parecido al siguiente: tengo a 15 insurgentes y mato a cinco, ¿cuántos me quedan? Ciertamente no diez, sino 20, 25 o 30. ¿Por qué?, porque el abatimiento de esos cinco insurgentes muy probablemente contribuya a la radicalización de sus hijas o hijos, primos, amigos y hermanos. Independientemente de las divergencias de la violencia en Afganistán y México, la evidencia empírica disponible sugiere una fuerte correlación entre el uso excesivo de la fuerza estatal y la radicalización de la población. Para el caso del combate a la delincuencia organizada en México, el uso de la fuerza no sólo ha trastocado al submundo criminal, sino que su impacto también se ha extendido a las comunidades en general para reproducir y escalar el ciclo de violencia. Dicho de otro modo, el uso de la fuerza contribuye a la espiral de la violencia cuando, sin que medien diagnósticos para explicar las diversas fuentes de resistencia, las personas caen en la categoría de civiles armados a los que hay que abatir.

Eric Hobsbawm dijo algo sobre la Primera Guerra Mundial que podría adaptarse al contexto mexicano: “(…) Pero peor aún que los horrores de la guerra en el frente occidental iban a ser sus consecuencias. La experiencia contribuyó a brutalizar la guerra y la política, pues si en la guerra no importaba la pérdida de vidas y otros costes, ¿por qué debían importar en la política?”.[4] Convendría preguntarnos si hemos cometido el exceso de brutalizar el uso de la fuerza en el combate a la delincuencia organizada.

El hasta hace poco asesor de seguridad nacional de Donald Trump, H.R. McMaster, considera un grave error ver “a las operaciones militares como fines en sí mismos, en vez de sólo un instrumento del poder que debe estar coordinado con otros para alcanzar, y mantener, los objetivos políticos”.[5] En este sentido, la pregunta que tendríamos que responder no es qué hacer con nuestras Fuerzas Armadas: ¿mantenerlas en las calles o regresarlas a sus cuarteles?, puesto que hoy por hoy sería un error la segunda opción. En cambio, la pregunta que tendría que regir el empleo de las Fuerzas Armadas para combatir a la delincuencia organizada tendría que ser: ¿cómo las operaciones militares se pueden traducir en medios que contribuyan a generar condiciones de seguridad duradera? En tanto no respondamos esta pregunta, las Fuerzas Armadas continuarán siendo empleadas para apagar fuegos: un arribo de elementos por acá[6], una rotación de efectivos por allá[7], o una intervención por acullá[8]. Así a más de una década… y contando.

Felicidades a las Unidades de las Fuerzas Armadas que recibieron menciones honoríficas. Enhorabuena.

P.D. Les deseo una muy feliz Pascua; una como la que tuve el año pasado.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=xPGk_geBZ6s

[2] Forné et al. (2015) Ver: http://historico.juridicas.unam.mx/novedades/letalidad.pdf

[3] https://www.foreignaffairs.com/interviews/2013-02-11/generation-kill

[4] https://www.amazon.es/Age-Extremes-History-World-1914-1991/dp/0679730052

[5] https://www.nytimes.com/2013/07/21/opinion/sunday/the-pipe-dream-of-easy-war.html

[6] http://www.cambiodemichoacan.com.mx/columna-nc39299

[7] http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/sedena-realiza-rotacion-de-mil-50-militares-en-tamaulipas

[8] http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/ejercito-y-fiscalia-de-jalisco-desarman-a-policia-de-tlaquepaque

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Fausto Carbajal

Internacionalista por la Universidad Iberoamericana. Maestro en Estudios de Guerra por el King's College London, Gran Bretaña. Es miembro de la Federación Mundial de Estudios del Futuro, Paris, Francia. Se ha desempeñado en el servicio público, particularmente en las Secretarías de Relaciones Exteriores y Gobernación.

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