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¿Solidez institucional?

Por: Carlos Castillo


Andrés Manuel López Obrador se ha mantenido puntero en las encuestas que miden la preferencia electoral para la elección del próximo 1 de junio. Los casi veinte años de continua exposición mediática, su capacidad de polemizar y polarizar, su lenguaje otrora bélico, hoy conciliador, su tendencia a reunir a todo aquel que sume votos bajo las siglas de su partido y de las candidaturas que reparte como si le pertenecieran han rendido frutos que hoy cosecha.

La posibilidad de triunfo, si bien aún se encuentra lejana y debe superar los escollos de una campaña que será compleja, debe invitar a la reflexión sobre si las instituciones del país serían capaces de soportar un embiste autoritario, demagogo, anclado en un liderazgo que desdeña la crítica y el cuestionamiento.

Esas instituciones que, llegado el caso, tendrán el deber de funcionar como contrapeso, dique o franca barrera ante cualquier intento de regresión que ponga en riesgo los avances de nuestra democracia. Por principio, los partidos políticos: ¿qué solidez pueden ofrecer al ser incapaces de fomentar un auténtico cauce para la participación de la ciudadanía en la vida pública?

Foto: agendadeldesarrollosocial.com
Foto: agendadeldesarrollosocial.com

Encerradas en su falta de democracia interna, sin prestigio entre la sociedad, padeciendo las consecuencias de su endogamia, de sus acuerdos con el gobierno a cambio de mantener espacios de poder –su “cartelización”–, las fuerzas políticas han instrumentalizado a la gente, que solo ven como votos, carne de cañón electoral.

De igual modo, los órganos de seguridad y de procuración de justicia: ¿qué contrapeso puede representar cuando jueces o ministerios públicos son utilizados por el mandatario en turno para espiar opositores, desprestigiar contrincantes, actuar facciosamente en contra de quien represente una voz incómoda?

Un camino similar es el de una parte de los medios de información, dispuestos a sacrificar su papel de contrapeso del poder a cambio de contratos de publicidad, convertidos en espacio de loa y aplauso del gobernante en turno, o en herramienta de promoción y defensa velada de las decisiones y acciones de la autoridad.

La sociedad civil, por su parte, reducida a su mínima expresión, padeciendo las trabas y enormes complicaciones que el propio Congreso puso a su participación activa y completa: debiendo enfrentar el reunir firmas que triplican el padrón de los propios partidos, padeciendo la falta de espacios de interlocución institucional con el gobierno, gastando parte de su fuerza y su disposición en hacerse escuchar, en ser atendida y considerada por quienes ostentan el poder.

El Congreso, como institución, ha demostrado ser poco eficiente fuera del tiempo electoral para ser un auténtico contrapeso, o al menos así lo fue durante este sexenio, marcado además por la opacidad en el uso de recursos públicos, los moches, los fondos discrecionales y otras prácticas que le restan autoridad y efectividad como contrapeso.

Y por último, la autoridad electoral, diana de todos los ataques y depositaria tradicional de todas las culpas que acompañan una elección, y que suele salir luego de cada proceso debilitada y cuestionada por algunos los actores políticos.

Foto: elnoticieroenlinea.com.mx
Foto: elnoticieroenlinea.com.mx

Esas son, en parte, sin duda –pero una parte que debe considerarse– las instituciones que deberán, llegado el caso, hacer frente al enorme riesgo de regresión autoritaria que podría ocurrir de llegar López Obrador y sus aliados al poder.

Instituciones débiles que con intención, astucia y método podrían ser relegadas: estrategias como las del chavismo en Venezuela, eficiencia como la del gobierno castrista para neutralizar cualquier esbozo de oposición, y astucia como la que el propio López Obrador ha demostrado en estos comicios.

Nuestras instituciones, los contrapesos que requiere una democracia para funcionar, no ofrecen hoy la solidez necesaria para afirmar, como señala Fernando García Ramírez en su columna de El Financiero de este lunes (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/fernando-garcia-ramirez/si-puede-pasar-aquí), que la tragedia de Venezuela o Cuba “no puede pasar aquí”.

Sí puede pasar y hay motivos de sobra para ser cautos, porque López Obrador suma seguidores, nuevos fieles, renovadas justificaciones y “el beneficio de la duda, traducido en expresiones cada vez más comunes, como el “ya la toca”.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

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