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¿Tiene futuro el PRD?

Por: Fernando Belaunzarán


Las crisis son como el dinero: no se pueden ocultar. Frente a la tentación propagandística de minimizarlas, eludirlas o de plano mentir diciendo que todo está muy bien e incluso aventurarse a proclamar el inminente éxito con frases optimistas, prefiero el análisis crudo y la crítica sin condescendencia. En estos tiempos hipercomunicados y de incontables flujos anárquicos de información más vale cubrirse con la verdad y la franqueza, aunque duelan. Jugar a engañar es camino seguro al desengaño.

Es verdad que en la historia no hay fatalidad, que el futuro no está escrito y que el último minuto también tiene sesenta segundos, pero para cambiar las cosas tiene que haber rumbo, objetivos, claridad de qué se quiere y cómo conseguirlo. Por supuesto que el destino es caprichoso, que los demás también cuentan e inciden, que hay imponderables que hacen ineludibles ciertos márgenes de incertidumbre, pero si cada quien empuja en direcciones distintas porque no se piensa en la casa grande (el partido) sino en la chica (la corriente) y ni siquiera se comparte la elemental convicción de que entre mejor le vaya a la primera mejor le irá a la segunda, el problema se vuelve mayor.

En la existencia del PRD no hay palabra más repetida que crisis. La diferencia ahora es que ya no se trata solo de su descomposición interna por la cruenta lucha tribal sino de la competencia con otra opción que encabeza quien ha sido su presidente nacional, Jefe de Gobierno, candidato a gobernador en Tabasco tres veces y dos a la presidencia de la República y, por si eso fuera poco, en campaña permanente durante lo que va del siglo: Andrés Manuel López Obrador.

FOTO: animalpolitico.com
FOTO: animalpolitico.com

Desde que creó su partido era evidente que llegaría este momento en el que, de cara al 2018, AMLO sería polo de atracción para quienes lo han respaldado en sus anteriores campañas. El problema es que al PRD lo encontró como lo dejó: confrontado internamente y sin la claridad de una ruta alterna compartida.

No obstante, que en 2016 una línea política demostró su eficacia, de manera ilógica no se insistió en lo que funcionó: polarizar con el PRI, desgastado por sus gobiernos desastrosos y desacreditados; las alianzas amplias resultaron muy efectivas para hacerlo. Y sin embargo, en la elección más importante de este año, Edoméx –y también en Coahuila-, se renunció a competir para ganar y se optó por ser funcionales a la estrategia oficial de fragmentar a la oposición, lo cual deslavó las expectativas perredistas rumbo a la elección presidencial.

En esas circunstancias no debe extrañar que la subcultura priísta de la cargada se manifieste a favor de López Obrador, puntero en las encuestas, máxime cuando éste apuesta a vaciar al PRD para tenerlo débil por si hay una eventual negociación y no tenga que respetarle lo que tiene o, en su defecto, disminuirlo al máximo electoralmente. Frente a ello el PRD debe reaccionar rápido y establecer su ruta para desalentar a quienes ingenuamente piensan que sumarse al cabús del pejismo les garantizará acomodo. Es cierto que debilitan al partido, pero también lo es que se suman al obradorismo en la debilidad, como decisiones individuales, sin ningún acuerdo programático y apostándole solo a las promesas de subalternos que no pueden hacerse cargo de la decisiones caprichosas del famoso dedito del caudillo.

El PRD, si se reivindica como izquierda democrática y garantista, no puede sentirse representado por el proyecto de López Obrador, el cual es restaurador aunque su propaganda se base en afirmar lo contrario. No se necesita ser psicólogo ni leer entre líneas para darse cuenta que El Peje quiere renovar al presidencialismo y constituirse en una voluntad suprema como las del priato del siglo pasado. Con el 30% de los votos se declararía único depositario del sentir de “El Pueblo”, pretendiendo ser el gran factótum del país. Ya adelantó que las reformas estructurales podrían echarse atrás sin el Congreso, mediante referéndums, no obstante que, lamentablemente, la SCJN ya declaró inconstitucionales dichas consultas.

El régimen está agotado y necesita cambiarse. No basta con quitar a los “malos” y poner en su lugar a los “buenos”. La corrupción no se va acabar con el simple ejemplo del presidente, como lo propone AMLO, no sucedió así en el entonces D.F. cuando lo gobernó y Gustavo Ponce es prueba fehaciente de ello. En lugar de confrontar la Congreso y acusar a los supuestos enemigos del pueblo por los problemas del país, como hemos visto en otras naciones, se deben construir mayorías estables en el parlamento. No hay salida personalista.

Con lenguaje polarizante y justiciero, con descalificaciones a cualquier institución que lo perturba por no coincidir con su visión y/o intereses no se construye gobernabilidad. Sé que algunos minimizan los exabruptos autoritarios e intolerantes de AMLO diciendo que fue un Jefe de Gobierno moderado y razonable, lo cual no discuto, pero sería sensato tomar en serio sus palabras y no poner nuestro futuro al capricho de una moneda, cruzando los dedos para que nos toque Dr. AMLO y no Mr. Peje. ¿Acaso no vemos lo que sucede a un lado por subestimar desplantes mesiánicos?

La izquierda con la que me identifico no puede avalar la concentración del poder; al contrario, tiene que buscar el fortalecimiento de sus controles, contrapesos y rendición de cuentas, lo cual no puede surgir de la impunidad. Andrés Manuel ofrece “amnistía anticipada” a los priístas corruptos y violadores de derechos humanos. No sólo demuestra que entiende a la justicia subordinada al Poder Ejecutivo sino que también se abroga el derecho de juzgar, condenar y absolver. También preocupa que, en lugar de refutar con argumentos y datos, sea dado a descalificar a medios y periodistas que publican lo que no le gusta.

Los temores están sustentados y estos no se conjuran simplemente sumándose a su campaña “porque puede ganar”. Si el PRD apoya a Andrés Manuel López no sólo sería absorbido por Morena, un comité de campaña con prerrogativas de partido, sino que perdería buena parte de su agenda que el pejismo no puede representar, así lo incorporen en sus documentos básicos. Quedaría un vacío en la izquierda política en detrimento de la vida pública y la pluralidad democrática. Pero aún no yendo con AMLO, el partido del sol azteca puede desaparecer, víctima de sus propios vicios, mezquindades y cortedad de miras.

El país requiere una izquierda de causas que pugne por recuperar el trayecto perdido de la transición democrática, reivindique la agenda ciudadana, se abra a la sociedad civil, promueva y defienda libertades, pugne por cambiar el paradigma en la política de drogas y sea instrumento de transformación. El gasto social es importante, pero la pobreza y desigualdad no se enfrentan de raíz con programas asistencialistas sino con crecimiento económico, generando empleos y aplicando políticas fiscales progresivas. El PRD podría ser esa izquierda si es que toma conciencia de situación límite y sus corrientes, aunque sea por sobrevivencia, actúan en consecuencia.

No será fácil que el PRD libre el escollo del 2018 si va solo o conforma un bloque sin posibilidades de triunfo. Por eso es que, de manera paralela al proceso de selección de su candidato presidencial, debe abrirse a la construcción de un frente opositor amplio que tenga como prioridad el cambio de régimen, se plantee su tránsito hacia el parlamentarismo y una agenda programática garantista, que sea encabezado por quien más consenso genere y represente mejor el programa de transformación que se propone. Aunado e ello deberá abrir sus demás candidaturas y dejar de premiar corruptos con ellas.

Pronto sabremos si el PRD estará a la altura de las circunstancias. Ojalá el perredismo pueda (podamos) vencer sus inercias e instintos suicidas y entienda el ánimo social y su deseo de cambio. Si eso no sucede, propongo el siguiente epitafio:

“No nos destruyó el régimen autoritario,

tampoco López Obrador,

nosotros pudimos solos”

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Fernando Belaunzarán

Licenciado en Filosofía con Mención Honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue Consejero Universitario líder estudiantil del Consejo Estudiantil Universitario. Ex diputado federal de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, en la cual ocupó el cargo de Secretario de la Junta Directiva de la Comisión de Gobernación. Es Presidente del Grupo Organizador del Foro Internacional de Política de Drogas y es autor de los libros: "Tiempos Turbulentos", "Herejías políticas en momentos decisivos", "La Guerra de los Herejes" y "Herejía, Crítica y Parresía".

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