Todo el poder

Por: Fernando Belaunzarán



Si algo caracteriza a las dictaduras es la concentración del poder. Pueden ejercerlo con mayor o menor descaro, con represión explícita y generalizada o bien sutil y dirigida, con ausencia o simulación de controles; pero siempre hay una voluntad suprema que tienen la última palabra en los asuntos de Estado y se impone a la sociedad y a las instituciones esté o no la ley de su lado. Cuando Mario Vargas Llosa llamó “dictadura perfecta” al régimen mexicano durante el priato es porque el poder se concentraba en una sola persona bajo una fachada democrática y libertades formales acotadas en la práctica.

La lucha contra el partido casi único a fines del siglo pasado trajo elecciones competidas, alternancia, incipiente y prometedora división de poderes con gobiernos de minoría y una Suprema Corte que se atrevió a dar sentencias históricas al margen del interés presidencial; sin embargo, el sistema político sostenido en la impunidad, la corrupción y las complicidades persistió, haciendo que la otrora oposición se fuera tornando en lo mismo que había combatido a medida en que accedía a gobiernos importantes.

Foto: sdpnoticias.com
Foto: sdpnoticias.com

El presidencialismo mexicano mantuvo márgenes amplios de concentración del poder, entre otras razones por la discrecionalidad en el manejo del presupuesto y el control de la seguridad pública. Los gobernadores se empoderaron con la anuencia y complicidad de la federación, volviéndose señores feudales. No debe extrañarnos, pues, que desde la alternancia se dieran preocupantes retrocesos respecto a los avances democráticos obtenidos y no se diga con el regreso del PRI a Los Pinos.

Las autonomías constitucionales se han desvanecido por las cuotas y los cuates, la calidad de los comicios degradando por la compra de voto y el creciente oficialismo de autoridades y magistrados, las instituciones debilitado por la corrupción sistémica, el país descompuesto por una guerra fallida que solo fortalece a los criminales, la sociedad en zozobra por la violencia desatada y los derechos humanos deteriorados por la militarización.

Frente a esta difícil situación, los ciudadanos están emplazados a decidir el rumbo de la nación a mediados de año. No será solo una carrera de personas y partidos sino la elección en una disyuntiva definitoria para el país. ¿Qué se hace con el poder? ¿Se mantiene o acrecienta su alta concentración o, por el contrario, se le distribuye? ¿Discrecionalidad personal o responsabilidad compartida?

José Antonio Meade representa la continuidad y quienes estén contentos con la situación de seguro lo verán como la mejor opción. Aplaude la perniciosa Ley de Seguridad Interior que institucionaliza la estrategia de la guerra y está comprometido con el Pacto de Impunidad que mantiene al régimen y cuida las espaldas de quien lo hizo candidato. A pesar de sus ingentes recursos y la cargada mediática a su favor, el palpable hartazgo de la inmensa mayoría de los mexicanos y su dificultad para conectar con la gente parecen una losa insuperable. La gente, pienso, optará por el cambio. La pregunta es hacia dónde.

Las dos oposiciones que se vislumbran con posibilidades de ganar son las agrupadas en la coalición Morena-PES-PT (Juntos hacemos historia) con Andrés Manuel López Obrador y la de PAN-PRD-MC (Por México al Frente) con Ricardo Anaya. ¿Qué significa cada una de estas opciones con respecto al poder y su ejercicio?

A diferencia de otros temas, en éste AMLO no podría ser más transparente: quiere todo el poder. No es que lo diga “la mafia en el poder”, sea parte de la “guerra sucia” que siempre aduce para victimizarse o una infamia de los medios al servicio de “una minoría rapaz” sino que es el propio Andrés Manuel el que lo dice con todas sus letras. Tanto en su “Proyecto Alternativo 2018-2024” como en el “documental” de Epigmenio Ibarra y en el evento en el que dio a conocer a Alfonso Durazo como su eventual Secretario de Seguridad Pública, insistió en integrar a todos los militares y corporaciones policiacas del país, incluyendo a las estatales y municipales, en la Guardia Nacional bajo su estricto mando único.

Aunque para cualquier persona con mínimas nociones de Derecho Constitucional lo que propone carece de legalidad y requeriría reforma de gran calado, el Peje insiste en que no se necesitaría ninguna porque la Guardia Nacional está en la Constitución y el presidente es el “comandante supremo” de las Fuerzas Armadas. No le importa que dicha guardia tenga otra naturaleza, pase por encima de atribuciones de gobernadores y presidentes municipales y contradiga la Carta Magna en cuanto a que la seguridad pública corresponde a policías civiles. Es muy sintomático la cantidad de poder que quiere concentrar y que, como en los peores tiempos del priato, no ve a la ley como obstáculo para hacer su voluntad. Súmenle que explícitamente quiere echar abajo la autonomía de la Fiscalía y designar a su titular. No lo esconde, busca regresar a la Presidencia Imperial, pero por su desprecio por las formas y atribuciones institucionales podemos decir que, en esta ocasión, la dictadura sería imperfecta.

Foto: amqueretaro.com
Foto: amqueretaro.com

Aquí Ricardo Anaya debe hacer un claro contraste en la campaña. El Frente tiene como primer punto de su agenda la conformación de un gobierno de coalición, es decir, de compartir la responsabilidad con otros partidos, lo cual significa un contrapeso de entrada, máxime si, cómo está planteado, el Jefe de Gabinete es de una fuerza distinta a la del presidente.

A diferencia de las otras opciones, en la plataforma frentista se hace hincapié en la formación, capacitación y profesionalización de las policías civiles para ir sustituyendo paulatinamente al ejército en las labores de seguridad pública, pues no es la función de los militares ni están capacitados para cumplirla.

En el amplio margen de discrecionalidad, producto de su concentración del poder, anida la impunidad que permite la corrupción sistémica. Por eso Anaya es quien puede representar los cambios democráticos que quedaron pendientes y que no se lograron con la alternancia: cambiar de régimen y ponerle controles al poder, estableciendo contrapesos efectivos y mecanismos de rendición de cuentas. Eso es lo que estará en juego en la próxima elección presidencial.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Fernando Belaunzarán

Licenciado en Filosofía con Mención Honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue Consejero Universitario líder estudiantil del Consejo Estudiantil Universitario. Ex diputado federal de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, en la cual ocupó el cargo de Secretario de la Junta Directiva de la Comisión de Gobernación. Es Presidente del Grupo Organizador del Foro Internacional de Política de Drogas y es autor de los libros: "Tiempos Turbulentos", "Herejías políticas en momentos decisivos", "La Guerra de los Herejes" y "Herejía, Crítica y Parresía".

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