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¿Un dilema irresoluble?

Por Javier Caballero


Ante la retahíla de insultos, amenazas y comentarios negativos que el obradorismo1 -ahora entronizado- ha esgrimido en contra de la sana distancia que el EZLN ha decido tomar, no podemos más que constatar que aún estamos lejos de una transformación profunda que verdaderamente trastoque la estructura racista y clasista que nos ha conformado.

Ha sido habitual, en las filas de la “izquierda” institucional, mostrar una completa animadversión al pensamiento crítico, el cual, una y otra vez les ha recordado que no hay cambio posible si no es destruida de raíz la matriz colonial; en otras palabras, si no se termina de tajo con el racismo, el sexismo, el clasismo, el eurocentrismo y el capitalismo. Pero la cerrazón que impone la sociedad de consumo y el modo de producción capitalista hace que tal tarea luzca descomunal, idealista si se quiere, y completamente impráctica. Así que los oídos se hacen sordos y los corazones fríos y necios; se voltea hacia otro lugar y se desechan las ideas que podrían posibilitar la destrucción de esta neo-colonialidad globalizada.

Fuente: MVS Noticias
Fuente: MVS Noticias

En efecto, debemos comprender que el voto masivo se hizo para mantener más o menos intacto el sistema; creemos que si López Obrador se hubiera mostrado proclive a la nacionalización de los recursos, a la purga y expulsión de las clases dominantes, a la autosuficiencia, al decrecimiento, a la aniquilación del ejército o al empoderamiento de toda la clase trabajadora, con seguridad no hubiera conseguido ese voto espectacular. El pueblo votó indignado para sacar a una clase política perversa y por demás delincuencial pero no para modificar el sistema colonial que lo forma, lo nutre y lo mantiene, aunque simultáneamente lo aniquile.

Ello no implica en ningún momento que no vengan cambios interesantes -no creemos que AMLO y la enorme base popular que lo respalda produzca los mismos efectos que la clase corrupta que gobernaba- pero sin duda, sin la profundidad necesaria para desestabilizar un poquito la hegemonía del pensamiento moderno, el cual, por el momento, sigue generando entusiasmo y contando con una enorme aprobación.

Prueba de ello es justamente ese enorme racismo y clasismo mostrado contra el EZLN, que si algo han mostrado a lo largo de todos estos años ha sido congruencia, tenacidad, dignidad y una enorme y potente base de pensamiento crítico que va más allá del simple cambio de políticas públicas hechas con la misma matriz de dominación. Negarse a reconocer que los pueblos originarios poseen hoy en día la vanguardia del pensamiento político internacional, es un claro ejemplo de que el voto obradorista es mayoritariamente conservador y profundamente institucional, ni anticapitalista, ni decolonial.

Sabemos que un cambio profundo, no se gesta de la noche a la mañana, y que, en efecto, este logro electoral presagia un buen principio; sin embargo, es importante estar consciente de los límites que poseerá el nuevo gobierno. Recordemos que se trata fundamentalmente de una sublevación que parte de la indignación, y no de un programa político claro y prospectivo. La incorporación de cuadros que tradicionalmente han estado del lado de la oligarquía o el hecho de que el mismo Obrador haya preferido reunirse en primera instancia con los empresarios que con el Congreso Nacional Indígena (CNI), enuncian las contradicciones que habremos de sortear durante todo el sexenio.

Así que sin querer menospreciar o minimizar la importancia de la gesta del 1 de julio, nos preguntamos: ¿Qué significa ahora ser oposición? ¿Qué significa ser de izquierda? ¿Debemos ahora apoyar cualquier medida que tome el gobierno? ¿Estamos ante un dilema irresoluble? Es importante recordar que el gobierno será constantemente asediado y atacado -muchas personas pertenecientes a las clases medias no quedaron conformes- y desde luego los intereses económicos se moverán para neutralizar las políticas sociales que el gobierno tratará de implementar, pero en este sentido creemos que la izquierda será clara y firme, incluso pensamos, actuará en bloque. Pero existe una base importante de esta -entre la que nos incluimos- que no está de acuerdo en tener un gobierno que no se manifieste abiertamente anticapitalista y en favor de lxs excluidxs de siempre; que no luche contra la modernidad y su cómplice la colonialidad; que no hable de decrecimiento y de feminismo, y que pretenda gobernar para ricos y pobres (lo que reafirma la injusticia del orden social). En consecuencia, quedará un grupo que, aun después de haber cooperando con la causa electoral, se mantendrá escéptico y distante; un grupo que no dejará de ser crítico, pero que apoyará al nuevo gobierno cuando la embestida provenga de los dueños del capital o de los intereses neoliberales.

Aquí estaremos entonces, siendo oposición, no porque se trate simplemente de serlo o porque la inconformidad sea parte de nuestra esencia, sino porque el racismo, el clasismo, el sexismo y el capitalismo seguirán estando ahí cuando termine el sexenio; porque sin duda todas estas opresiones estarán presentes cuando se generen políticas públicas o cuando se construyan los proyectos que “más le convienen al país”. Es ahí donde tendremos que denunciar y exigir, visibilizar y desnaturalizar, porque la matriz colonial no se localiza únicamente en el Gobierno, sino en toda la estructura social y en las mentes que la conformamos.

Eso no será sencillo erradicar, y será parte de la lucha que hemos de librar, con o sin gobierno de “izquierda”. Por lo tanto, aun apoyando la causa obradorista y creyendo que es posible hacer cambios desde el Estado y sus instrumentos, manifestamos nuestra eterna solidaridad con los pueblos indígenas y reconocemos la valiente postura contrahegemónica del CNI y del EZLN que hoy, paradójicamente, los vuelve arrojar al olvido y a la marginación.

1Hablar de obradorismo en tono genérico es en sí mismo un despropósito. La base que votó por López Obrador es muy diversa y engloba una gran cantidad de sectores, ideologías e intereses. No pensamos que se trate de una ideología y mucho menos de una posición generalizada, más bien nos referimos en este caso, a las personas que apoyan incondicionalmente al que será el nuevo presidente.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Javier Caballero

Es maestro en arquitectura por el Posgrado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de historia y teoría arquitectónica, se ha especializado en los estudios decoloniales que cruzan la historia del arte, la historia de la arquitectura, el urbanismo y el patrimonio cultural.

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