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Un mal llamado educación

Por: Emma Rubio



Desde que nacemos nos inyectan la culpa, nos hacen creer que, de uno u otro modo, debemos la vida ya sea a un dios, a nuestros padres, a todos los que nos antecedieron y que lucharon por sus derechos pero que ahora son nuestros.

Tal parece que al nacer empieza uno a pagar la cuenta de lo que estas por vivir.

Vaya falacia educativa cultural que nos inculcan, el deber ser por encima del desear hacer generando de este modo, una sociedad frustrada, insatisfecha, temerosa, sin voluntad y sin propia identidad por el temor al rechazo.

Foto: profesoratticus.blogspot.mx
Foto: profesoratticus.blogspot.mx

Durante años me he sentido paria del mundo y es que en verdad me gustan más las personas más que los principios y las personas sin principios como diría Oscar Wilde, me gustan más que nada en el mundo.

Hoy por hoy, enfrentamos una serie de transtornos y dependencias a los antidepresivos y es a causa sin duda de que no nos han educado para ser nosotros mismos sino que nos han hecho creer que la vida se vive cumpliendo una serie de expectativas sociales que muchas veces nada tienen que ver con nuestros más auténticos sueños. Ni en casa ni en las escuelas nos dijeron por lo menos en mi época de estudiante, que lo más importante era ser uno mismo y ser uno mismo implicaba ser futbolista, artista, bailarín, vendedor de biblias, vaya lo que en realidad nos apasionara y no lo que nos “garantizará” un futuro.

Y es que yo aún soy de la generación que creía que los estudios abrían puertas pero en realidad hoy ya no es suficiente.

A quienes nacimos en los años setenta nos educaron desde una realidad de ciertas certezas pero nos alcanzó la realidad de las incertidumbres, de la posverdad, del simulacro. Nos preparamos para un mundo que ya no existe y nos rebasa el existente. Por ello no me extraña que el pecado sea el único elemento colorista verdadero que queda en nuestra época, afortunados por conocer el pecado pues ha sido una especie de vía de escape, el modo de ser uno mismo aunque sea con culpas. Y es que en verdad me impresiona que tan permeada tenemos la culpa en nuestra mente, en la piel, en el alma incluso, como si ser uno mismo fuese un atrevimiento delictivo.

Hay algo terriblemente morboso en esta tendencia de simpatizar con el sufrimiento, siendo el mártir y el sacrificado un virtuoso por excelencia. Nada más absurdo que el pretender ayudar a otros, que el pensar primero en los otros y no en uno mismo, nada más incongruente que pensar que el amor y la felicidad se encuentra en lo exterior e incluso que la felicidad se logra cuando se encuentra a una persona que te “completa”, la “media naranja” como si naciéramos incompletos, pensar de este modo es pensar que no nos bastamos a nosotros mismos para estar en bienestar.

Al final de los días, todos queremos lo mismo, estar bien. Sin embargo, nos han venido dando a cucharadas el montón de falacias incluso hasta de uno mismo. Nos hemos creído que la vida es justo lo que nos dicen y no lo que realmente vivimos. La realidad se convierte en algo tan ambivalente y en algunas de las veces hasta irreal, pues nada es libre de interpretación como bien lo dijo Nietzsche en su Gaya ciencia. La humanidad se ha tomado muy en serio el pecado original del mundo, como dijo Oscar Wilde:

“Si el hombre de las cavernas hubiera sabido reír, la historia habría sido diferente”.

Cuando uno vive engañándose así mismo, termina ciertamente engañando a los demás y esta ha sido la historia de nuestra época, la historia del engaño. Nos educaron para creer en la falsedad pero aún a sabiendas de que es falso lo concebimos (a voluntad) como verdadero. La mayoría de la gente vive en este ritmo de la mentira, del tratar de creerse así mismo que la vida que vive es la mejor porque así debió ser. Carrera, esposos, hijos, bienes y si a pesar de tener todo esto no eres feliz, para eso están los comercios y las necesidades creadas para consumo y si aún así sigues sospechando que no eres feliz entonces tenemos los estupefacientes que te sedarán la conciencia y entonces poco a poco dejarás de pensar en si es real o no lo que vives; pues deberás sentirte orgulloso de haber logrado todo eso porque eso es ser exitoso. Y en esto se nos puede ir toda la existencia porque nadie nos educó para comprender que se es feliz sin nada de eso y que basta con que uno esté bien y en paz para ser feliz sin necesidad de cumplir una lista de expectativas sociales.

Cuando hay personas ya incluso pasados los cuarenta años que les digo esto, me observan con cara de duda pero hay un dejo de liberación en sus rostros pues se liberan de esa idea tan dañina de que hay que sacrificarse por los otros y de que uno esta en deuda desde el primer gemido que lanzamos al mundo.

La educación en todo sentido, lejos de haber ocasionado una evolución en la especie, tan sólo la ha amedrentado, adormecido y hecho una especie discapacitada de las emociones.

No por ello hoy las personas están ávidas de ser escuchadas, de conocerse así mismos, de comprender de qué va lo espiritual, pues afortunadamente por mucho que nos enajenaran, la esencia de la humanidad grita y se hace presente. Por ello hoy les invito a reflexionar en el hecho de su propia felicidad y si está basada en ese falso y débil esquema; o ya es tiempo de resignificar su propia estructura, cambiar su discurso y ser ustedes mismos los creadores de su propio bienestar. Hace tiempo que decidí optar por este camino y le aseguro que no hay mayor logro y satisfacción que verse al espejo todos los días y sentirse bien con el reflejo y no hay mayor éxito que aprender a vivir con lo necesario, estar a solas en casa y sentirse más que acompañado, sentirse tan digno y amado que no es necesario crear un modelo de estructura social falaz como el sostén de nuestra propia existencia.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Emma Rubio

Nacida en la CDMX pero hace años que no la habita. Filósofa de formación con especialidad en Hermenéutica. Maestría en Educación especializada en Teoría crítica. Es amante de la música clásica y del heavy metal así como gran admiradora del arte en general. Lleva más de 14 años impartiendo diversos cursos y tratando de transformar vidas comenzando con la propia. Su trabajo más trascendente ha sido: Existir.

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