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Un payaso en el Porfiriato

Por: Don Porfirio Díaz


Había una vez un hombre llamado Richard Bell que, aunque nació en Londres, se volvió terriblemente popular por su acto de pantomima. Y es que tenía la peculiaridad de pintarse la cara de blanco, peinarse de los modos más extravagantes y usar trajes abultados para convertirse en un verdadero payaso.

 Imagínense nada más, su primera actuación en México fue en 1869, dos años después de la caída del Segundo Imperio Mexicano, y de la muerte del Emperador Maximiliano. México apenas se recobraba de los años de guerra que había sufrido y descubría nuevos aspectos de la vida cotidiana.

Es justo en ese momento que llegó un circo inglés de nombre Chiarin. Richard Bell apenas tenía once años, pero le tocó debutar un 17 de octubre. En aquel entonces, la gira por México fue muy complicada, aún no se habían construido la mayoría de las líneas ferroviarias que se tenderían durante mi gobierno, y los caminos estaban deshechos por las batallas.

Foto: infocirco.com
Foto: infocirco.com

Partieron y no se les volvió a ver hasta 1883, cuando yo la patria estaba más calmada, y comenzaba a gozar de la paz Porfiriana. Es entonces que Richard Bell, ya un payaso y acróbata experimentado, comenzó a dar su espectáculo de nuevo, esta vez con el Circo Orrín. Su éxito fue inmediato, todos querían verlo y viajaban de diferentes partes del país para verlo, no solo en la Ciudad de México, sino en sus diferentes giras.

Su fama creció tanto, que Juan de Dios Peza publicó en El Monitor Republicano sobre Bell la reseña:

“Es más popular que el pulque”. Lo que es mucho decir en el México del siglo XIX”.

Para entonces, yo ya tenía fama de generalote duro, de estar siempre serio en todos los eventos, y de posar para retratos y fotografías con cara de pocos amigos. Mis compañeros y colaboradores se dieron a la tarea de hacerme reír, y lo intentaron con chistes, cómicos; en vano Fue entonces, que atraídos por la fama de Richard Bell, lo convencieron de que se presentara ante mí para realizar su acto.

 Así se presentó, con la cara pintada de blanco, su disfraz de arlequín y el sinfín de payasadas que tenía planeado. Las miradas, sin embargo no estaban en el artista, sino en mí. ¿Acaso era una mueca lo que había en mis labios? ¿Estaba disgustado? ¡Al contrario! De un momento a otro comencé a reír, fuerte y estrepitosamente. Desde entonces, Richard Bell fue conocido como el hombre que hizo reír a don Porfirio. Otros hombres lo intentaron, pero ninguno lo logró. Richard Bell tenía un talento propio.

 En 1911, con las revueltas maderistas que empezaban a sonar en todo el país. Richard Bell decidió abandonar el país, al menos por un tiempo. Tuvo la idea de volver a Londres, pero hizo una escala en Nueva York, donde se quedó más tiempo de lo previsto, pues su hermano había muerto repentinamente. Ahí lo sorprendió una nevada, que lo hizo enfermar, y por más que los médicos intentaron salvarlo en vano. Murió el 12 de marzo de aquel año, y la sociedad mexicana recibió la noticia con gran tristeza. Fue enterrado fuera del país, y desde entonces se cuenta la historia como la del gran payaso del Porfiriato… y su legado se mantiene vivo.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

 

Acerca de Don Porfirio Díaz

@DonPorfirioDiaz es el alter ego de Pedro J. Fernández, autor de dos novelas históricas “Los Pecados de la Familia Montejo” y “La Última Sombra del Imperio”. Fue dialoguista de la teleserie “El Sexo Débil” y ha colaborado con varios medios nacionales con artículos históricos.

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