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Una de vampiros (o de las historias como armas)

Por: Aram Barra



Las historias le han servido al ser humano para explicar el mundo desde tiempos inmemorables. A punta de repetición generamos no sólo entretenimiento, sino moralejas que nos permitan justificar lo que sucede a nuestro alrededor. A los humanos nos gustan las historias porque dan contexto, porque ponen orden en un mundo caótico, pero también porque nos educan.

Sin embargo, esas historias pueden perpetuar también el poder, la desinformación frente al avance de la ciencia, o alguna moral creada en contextos históricos que no tienen aplicación valida en el presente. Pensemos en una historia de vampiros. La que ustedes quieran, el Drácula de Bram Stoker, la película Nosferatu o las frescas versiones de Buffy o Twilight.

Foto: metrotimes.com
Foto: metrotimes.com

Uno de los mitos universales más populares que han alimentado la cultura popular a lo largo de los siglos es la idea de la existencia de los vampiros, o más precisamente, la creencia de que los muertos pueden traer la muerte. Desde China y hasta Transilvania, la creencia en los vampiros permaneció popular incluso en la Europa ilustrada.

Una maravillosa referencia de Voltaire incluso se coló en su Diccionario filosófico en 1764:

“[…] fue en Polonia, Hungría, Silesia, Moravia, Austria y Lorena, que los muertos hicieron esta buena ovación”. La continuación de la cita no tiene desperdicio: “nunca escuchamos una palabra de vampiros en Londres, ni siquiera en París. Confieso que en ambas ciudades había brokers, políticos y hombres de negocios que chupaban la sangre de las personas a plena luz del día; pero no estaban muertos, solamente corruptos. Estos verdaderos chupasangre viven no en cementerios, sino en palacios muy agradables”.

Como sospecha Voltaire, los vampiros no andaban sueltos en ningún lugar. Sin embargo, no fue sino hasta entrado el siglo XIX que la mayoría de las civilizaciones entendiera mucho sobre las enfermedades o la descomposición. Virtualmente el mundo entero seguía sin respuesta certera sobre la muerte. ¿Por qué a veces pueblos enteros morían durante un periodo? ¿Por qué algunos cuerpos parecían estar vivos cuando se les desenterraba a semanas de su muerte? ¡Y por qué les habían crecido uñas y cabellos?

Si bien la ciencia nos ha respondido estas y muchas más preguntas relacionadas durante los últimos 150 años, desde cómo funcionan y se reproducen los virus hasta por qué cuando un grupo de personas es expuesto a un foco de infección, suelen después morir en grupos. El día de hoy conocemos del cambio químico en los músculos que genera rigor mortis y sobre el proceso de descomposición.

La falta de respuestas a muchas de estas preguntas llevó a civilizaciones desde Indonesia y China hasta Europa y el ‘nuevo mundo’ a contentarse con una historia común: los muertos pueden traer la muerte.

Durante la primer par de décadas del 1700 hubo una histeria en Europa del este por los vampiros. La monarquía de Habsburgo envió emisarios a esas tierras para traer información de primera mano, lo que contribuyó a la popularización del mito entre sociedades que hasta entonces no tenían chupasangre. En 1741, el diccionario Oxford adoptó la palabra vampire al inglés.

Es tentador pensar que los cuentos de vampiros, o la creencia de su existencia, es una tontería cualquiera. Sin embargo, durante un par de siglos, las historias de vampiros fueron una muy coherente explicación de la realidad. Lo dicho, las historias, además de entretenernos, nos ayudan a explicarnos el mundo. Nos ofrecen sentido y coherencia.

No sobra entonces más que preguntarse: ¿qué historias nos contamos hoy para creer lo que queremos creer? Cada vez más estudios muestran que los humanos no cambiamos de opinión aunque nos demuestren que estamos equivocados – los datos contrastados nos convencen menos que mensajes emocionales. Justamente por ello, las historias son un arma. La primer impresión cuenta más y la repetición convierte una idea en ley.

¿Qué historias nos contamos sobre las relaciones entre sexos, incluyendo los roles de género? ¿Por qué nos podemos permitirnos cuidar el medio ambiente y nuestro consumo incluso cuando sabemos las implicaciones del cambio climático? ¿La guerra contra las drogas se justifica porque “las drogas son malas”? ¿Es cierto que la única forma de combatir el crimen y la violencia es a través de la ‘mano dura’ y la guerra?

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Aram Barra

Internacionalista por la UDLA México y maestro en política y administración pública por New York University y University College London. Actualmente se desempeña como consultor independiente en temas de salud, seguridad y derechos humanos.

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