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Víctimas y victimizados

Por: Carlos Castillo


Es burda la manera en la que el Gobierno federal ha intentado descarrilar la candidatura de la alianza que encabeza el Partido Acción Nacional por la Presidencia de la República: el uso faccioso de la justicia atenta contra el Estado de derecho que toda democracia requiere para funcionar de manera correcta.

No se puede estar más de acuerdo en condenar estos hechos, en alzar la voz a la vez que se impulsan cambios de fondo que erradiquen tanto el centralismo como la posibilidad de que las instituciones del orden estén supeditadas al Ejecutivo en turno.

Foto: pan.org.mx
Foto: pan.org.mx

Una división auténtica de poderes permitirá una vida democrática más sana, más enfocada a que cada orden de gobierno atienda lo que debe y no aquello que le conviene para perpetrarse en el poder: ni los diputados tendrían por qué “bajar recursos” para sus municipios, ni la PGR actuar sin apego irrestricto a los marcos legales, ni los gobernadores o el presidente determinar quién recibe los presupuestos a los que se tiene derecho.

No obstante, y al menos en dos de los tres casos mencionados –el tema de los “moches” terminó en hasta el momento en un patético “carpetazo”–, la estrategia seguida por quienes padecen estos abusos es mucho más cercana al victimismo tan común en tiempos electorales que a esos cambios profundos que eviten que el atropello de ayer se repita mañana.

Marchas, caravanas, videos explicativos, estrategia mediática, entrevistas y declaraciones, manifiestos y desplegados son, sí, herramientas válidas y necesarias, pero son solamente el primero de los pasos a dar; falta, además, la vía de los cambios institucionales, la que se da desde el Congreso y desde el debate, la que trasciende la propia victimización para seguir adelante y construir un equilibrio de poderes más eficiente y efectivo.

Como está de moda remitirse a los años ochenta del siglo XX, bien cabe la pregunta de qué hubiera pasado si, ante el fraude del 88, la oposición –en particular el PAN– se hubiera quedado solamente en la protesta callejera, en vez de entender la oportunidad histórica que tenía enfrente y presionar para que iniciaran las reformas que hicieron posible, una década después, que el PRI perdiera la mayoría en el Congreso, y que en 1989 se reconociera la primera gubernatura panista.

Se denunció mucho entonces, mucho y por todos los canales posibles, que eran apenas una parte minúscula de los que existen hoy día. Pero no se permaneció en la denuncia por la denuncia porque se tenía un rumbo claro al que poco a poco, y a veces a regañadientes, se fueron sumando las distintas fuerzas políticas. (Rumbo que, por cierto, no contemplaba la victoria inmediata en la Presidencia y sí en cambio alcanzar los cambios graduales desde el Congreso que dieran cabida al pluralismo político).

Foto: 20minutos.es
Foto: 20minutos.es

Quedarse en el victimismo es asumir el papel de agraviado perpetuo y regodearse de la propia situación. O, cuando el tema se agota, es asimismo la búsqueda de nuevas razones para seguir siendo víctima, ya sea comparándose con otros casos o remitiendo a ejemplos que deben forzarse para encajar en la propia realidad.

Esto es precisamente lo que ocurrió cuando la dirigencia del PAN comparó la situación que hoy padece su candidato con lo que han padecido en Venezuela Leopoldo López o Henrique Capriles: se tergiversan hechos, se buscan adaptar a la condición particular y la denuncia termina por convertirse en la caricatura de sí misma.

Foto: hdpnoticias.com.ar
Foto: hdpnoticias.com.ar

Lo que hoy y desde hace casi dos décadas padece la oposición venezolana no tiene nada que ver con lo que se vive en México, donde ningún gobierno expropia medios o empresas a opositores, donde se puede reclamar y alzar la voz sin censura incluso frente al uso selectivo de la justicia, donde se puede salir a la calle o recorrer el país manifestándose sin que las fuerzas antimotines disparen a quemarropa contra la población.

Cuesta entender las comparaciones expresadas por la dirigencia panista, máxime cuando un día antes, Julio Borges, diputado de la Asamblea Nacional, se reunió con la plana mayor de ese partido para explicar lo que hoy día ocurre allá, y cuando además Acción Nacional ha abierto espacios para que opositores venezolanos relaten e informen sobre la realidad de ese país.

Cuesta entenderlo porque la realidad de unos y otros es diametralmente opuesta; también porque compararlos es una forma de instrumentalizar la lucha casi heroica de un pueblo valiente que defiende desde hace lustros su democracia del populismo y el autoritarismo.

El PAN ha estado cerca de la oposición contra Chávez y Maduro: no es válido ni ético aprovecharse de esa cercanía para, bajo símiles falaces, relativizar la gravedad de lo que ocurre en Venezuela.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

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