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War Room (cuarto de guerra) 2018

Por: Augusto Reynaud


War room: cuarto de guerra. El nombre es poderoso y está cargado de encanto conspirativo, como si fuera un cónclave masónico para planear cómo invadir la Antártica.

Pero las más de las veces, war room es sólo una forma pomposa de llamar a juntas de trabajo bastante ordinarias, donde asesores y consultores políticos llegan un poco a enterarse, un poco a proponer y un mucho a especular. Este año habrá más de 18,000 cargos a elección y prácticamente todos los candidatos querrán tener o ya tienen su war room.

Foto: huffingtonpost.co.uk
Foto: huffingtonpost.co.uk

Supongo que gusta usar el término en inglés porque suena más atractivo, y las campañas se tratan de eso: de seducir la imaginación no sólo del electorado, sino de los mismos candidatos y sus equipos. Nadie quiere ir a otra junta sin glamour. Pero esto es el war room, papaluki.

Un war room, si se toma en serio, tiene como función esencial centralizar la comunicación política; requiere un equipo permanente de monitoreo de medios, un grupo de especialistas en diversas áreas y un representante de alto nivel para distintos frentes de la campaña (redes, opinión, manejo de crisis, etc.), todo bajo un liderazgo único.

En este escenario, sirve para reportar y recibir retroalimentación sobre avances e insuficiencias; compartir información reservada, mantener alineados todos los esfuerzos y trazar directrices estratégicas, que cada área ejecuta después en forma de tácticas específicas.

Pocos war rooms operan así. Hay unos cuantos muy profesionales, pero habitualmente son reuniones medio improvisadas y medio tediosas.

Foto: https://en.wikipedia.org/wiki/File:Obama_and_Biden_await_updates_on_bin_Laden.jpg
Foto: https://en.wikipedia.org/wiki/File:Obama_and_Biden_await_updates_on_bin_Laden.jpg

Una práctica común es empezar con el reporte de noticias: que la columna de Riva Palacio trae carnita, ¿ahora quién se la pasaría?; que subimos en la encuesta del Reforma; que Alemán volvió a escribir una barbaridad. Los consultores privados, que encuentran placer en sofisticar las cosas, incluso catalogan las notas por “sentimiento”: positivo, negativo o neutro; por si alguien creía que la filtración ilegal que sacó Carmen era bienintencionada.

Error de diseño. A un war room uno no tendría que llegar a enterarse sino a debatir y decidir con base en la información que, se supone, ya conoce y domina. Por ello, teóricamente, el acceso está restringido a especialistas y al primer círculo del candidato.

Otras veces, se transforma en una arena para que los asistentes, sobre todo si está el jefe, compitan por demostrar que son más listillos que sus colegas, mientras los consultores aprovechan para proponer ideas súper innovadoras, súper creativas y súper facturables.

Sucede también que buena parte del tiempo se dedique a actividades como la dichosa “lluvia de ideas”, sobre asuntos que nadie sabía que se iban a discutir, de donde suelen salir especulaciones medio informadas, lugares comunes (“toda publicidad es buena publicidad, jefe”), o sencillamente ocurrencias sin sustento. De lo que se trata es de participar.

 Aquellos vicios suelen tener orígenes comunes: la falta de tramos de responsabilidad bien definidos, de una agenda previamente acordada y de un liderazgo claro que la imponga.

Como sea, más pintorescos o profesionales unos que otros, en los war rooms se debate sobre los electores, los candidatos, las encuestas y las redes sociales; y son estos temas, centrales en 2018, de los que comentaré en las próximas cuatro entregas de esta serie.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Augusto Reynaud

Internacionalista por El Colegio de México y maestro en Ciencia Política por la Universidad de Tel Aviv. Se ha desempeñado como consultor privado y funcionario público en el Gobierno de la República.

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