Yanga y Brecht

Por: José Luis Martínez



Cuando vamos al teatro a ver una obra histórica o que tiene pretensiones de representar el pasado, si de pronto describe momentos absurdos, poco reales, demasiado estilizados o de otro tipo, lo primero que decimos es: “al fin que es puro teatro” dando por hecho que el teatro, al ser ficción, no tiene responsabilidad alguna con la verdad. Nada más inexacto.

Shakespeare se alimentaba de las crónicas y de la historia, al igual que Schiller y Brecht. Durante la década de los sesenta y setenta se desarrolló todo un movimiento sobre teatro documental, para denunciar la guerra de Vietnam, los opresivos sistemas capitalistas, las torturas y las dictaduras. En México hubo teatro campesino que habló de los despojos, persecuciones y asesinatos del gobierno durante la llamada guerra sucia y Vicente Leñero denunció la torpeza institucional y la corrupción.

Bertold Brecht Fuente: Prodavinci
Bertold Brecht Fuente: Prodavinci

Esta lucha entre verdad y falsedad, entre real e imaginario, no se traduce únicamente en la manera en que se construye el texto, sino también en la forma en que se seleccionan episodios o hechos y, así, es posible que la más terrible tragedia se convierta en un empalagoso melodrama si la puesta en escena falla en su propósito actoral. El teatro, como dijo Goethe es la unión de todas las artes, la música, la danza, las artes plásticas y la literatura están ahí, pero lo que no tiene ningún otro arte es el trabajo del actor, esta es la materia prima del teatro.

Mural en Yanga, Fotografía: José Luis Martínez
Mural en Yanga, Fotografía: José Luis Martínez

Mulato Teatro hizo una temporada en la sala Xavier Villaurrutia de la Unidad del Bosque, del 10 de mayo al 24 de junio de 2018, con la obra Yanga, con dramaturgia de Jaime Chabaud y la dirección escénica de Alicia Martínez Álvarez. El programa de la obra hace una síntesis:

“Entre la montaña y las haciendas cañeras de Veracruz, Nueva España, en el siglo XVI, los esclavos negros han hallado a un líder que da voz a sus ansias de libertad: Gaspar Yanga”.

Bueno, un poco esquemático el asunto, pero resultaba atractivo e interesante ya que la presencia de africanos y afrodescendientes en México es poco difundida y la sociedad mexicana, por lo general, es ajena a los aportes y la importancia de las poblaciones de origen africano en nuestro país. Así que me lancé el fin de semana.

La obra empieza con una mujer imponente y de gran personalidad que le habla al público, que narra la historia al público. La convención teatral se rompe, ya que está más cerca de los cuentacuentos y de la poesía juglaresca que del teatro, ya que éste busca un principio de realidad al establecer ciertas convenciones y la principal es: uno no habla solo, a menos que esté loco, claro, o que sea un monólogo interior, aquí se le habla al público diciéndole: mira, te voy a contar una historia, y ¿qué historia nos cuentan? Una persona esclavizada (Yanga) vive en una hacienda cerca de Córdoba, se enamora de la amante esclavizada del hacendado vecino, así que Yanga la rapta y huyen a los montes. Se convierten en cimarrones y a ellos se juntan otros fugados. La mujer está embarazada.

La ficción suele traducirse en algo inventado, sin nexos con la realidad, aunque utilice el recurso de verosimilitud para que “parezca” real. Sin embargo, verosimilitud apela a verdad ya que busca un equivalente (símil) de la verdad. Hay muchos conceptos relacionados a cómo contamos una historia en el teatro y han sido interpretados de todas las maneras posibles desde que Aristóteles habló de “mimesis” ¿qué quiso decir? ¿imitación? ¿representación? ¿imitación de la acción? ¿imitación de la naturaleza? ¿imitar es copiar? ¿se puede imitar una acción? ¿acción es trayectoria? Y así podríamos seguir con toda una lista de conceptos.

Mejor tomamos como ejemplo el teatro histórico y épico de Bertold Brecht (1898-1956) quien escenificó muchos documentos y denunció hasta el cansancio el totalitarismo, el nazismo y otras formas de opresión. Él estaba comprometido con la verdad y decía que hay que tener el valor de escribir la verdad y la inteligencia necesaria para descubrirla; en el siglo XXI habría que añadir la paciencia para descubrirla.

Hay investigaciones históricas sobre Yanga, al menos aparece en una docena de libros y todavía hay bastante que escribir sobre él. Sin embargo, para la construcción del texto, faltó estudiar no sólo a Yanga, sino a la época virreinal y por qué se esclavizaba a los africanos. De ahí varias incongruencias históricas en la obra.

Nos dice Brecht: el teatro de esta época, además de entretener, enseñar y entusiasmar, debe ofrecer obras de arte que muestren la realidad, de modo que permita construir un cambio social. Debe estar al servicio de la verdad, de la belleza y del humanismo. Si nos guiamos por estos principios brechtianos el teatro se convierte en un arma, ya que despierta una conciencia crítica, conduce a una experiencia estética más informada y nos empuja a la necesidad de saber más.

Mural en Yanga, Fotografía: José Luis Martínez
Mural en Yanga, Fotografía: José Luis Martínez

¿Cómo vamos a difundir la verdad? Es decir ¿cómo vamos a contar la historia de Yanga? Los cimarrones eran personas que huían de la esclavitud, se rebelaron para encontrar la libertad. Y así, Yanga asalta las diligencias y las haciendas de españoles mientras negocia con el virreinato el establecimiento de un pueblo donde se consideren libres, dignos y sin ser perseguidos, y lo consiguieron. Pero no en la obra, en la puesta en escena son perseguidos por el hacendado celoso que sorprende a su traidora esclava con el recién nacido en los brazos. No sabe si el niño es de él o de Yanga, así que mata a Yanga y a sus secuaces que son colgados, convirtiendo a Yanga en un pequeño mártir y no en el fundador de un pueblo libre. La ficción es esa experiencia estética que nos dice cómo pudieron ser las cosas, la historia nos demuestra cómo fueron.

Hay una escena entre los dos hacendados vecinos, interpretados por Diego Garza y Jorge de los Reyes que es un alivio dentro de la obra. Escena de actores, lástima que pocas veces suceda dentro de la obra. Ahí se ve que los actores saben su oficio y que Chabaud es un dramaturgo. Por otro lado, Marisol Castillo en el papel de Santiaga, tiene pocos registros ya que ante todo es la víctima y esa condición aparece en todas sus escenas. Le faltó la dignidad y la rebeldía del cimarrón, la ternura y las sonrisas del amor. Entre el escape de Yanga a la sierra de Zongolica en Veracruz y la fundación de San Lorenzo de los Negros, reconocida por el virreinato como población libre, pasaron muchos años en los que se puso de manifiesto la capacidad de organización y resistencia de los esclavizados que huían. Esto tampoco se vio en la obra.

¿Qué le interesó contar a Mulato Teatro? El movimiento escénico es limpio e ingenioso, el vestuario y la música muy bien resueltos, pero regresando a Brecht, nos dice que cuando el melodrama está funcionando y estamos a punto de las lágrimas, hay que parar la acción y a través de la música o la poesía decir: no llores, haz conciencia y ten el coraje de transmitir la verdad. Pero no se puede empezar por un distanciamiento porque no hay de qué distanciarse si no se ha construido nada todavía.

Mulato Teatro es un bello proyecto que ya tiene una trayectoria, habrá obras buenas y no tan buenas, pero hay que sumergirse más en este tema tan negado y despreciado por la historia oficial.

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Acerca de Afrodescendencias en México

Colectivo interdisciplinario en ciencias sociales interesado en contribuir, a partir de la investigación y difusión del conocimiento, en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y libre de racismo; en la que se respete, reconozca e incluya la presencia pasada y presente de las poblaciones afrodescendientes en México, así como las expresiones culturales vinculadas a ellas.

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